Tianguis de reputaciones

El deporte integra a los mejores valores universales, entre ellos, honestidad, pulcritud, lealtad, transparencia y juego limpio. Por lo mismo, es absurdo que cualquier actividad vinculada marche contra estos principios. El draft o tianguis de piernas, llamado de forma eufemística régimen de transferencias, es un modelo de negocio que perjudica a la expresión deportiva genuina, no a la ficticia, es decir, imágenes referentes que se usan para maquillar como algo positivo las acciones o empresas que significan lo contrario. Como siempre, habrá quienes digan que no es así, pero hay que creerle a la concordancia entre el decir y el hacer, o sea a la congruencia. Esta fuente inagotable de valores que es el Deporte, resulta perseguida y explotada por ámbitos carentes de los mismos, entre ellos el político. Cada día tenemos más políticos contaminando el entorno deportivo con sus malas prácticas o partidos que tientan a las figuras deportivas para servirse de su imagen y trayectoria, cuando esta es buena. Pero, ¿sólo eso es la reputación? En marketing, se verifica bajo la fórmula: percepción generada, multiplicada por el tiempo. Y es aquí donde de nuevo la congruencia se convierte en el ingrediente sustancial para que la operación cuaje. Los grupos sociales carentes de credibilidad buscan la reputación que no tienen, la positiva, en focos deportivos. Por eso es inconcebible que una figura de negocio como el tianguis de piernas no solo vaya contra una lógica de mercado, sino que sea una versión de cacicazgo moderno, vertido con todo el veneno del cinismo y la impunidad. El escenario no puede ser más funesto: Los jerarcas reservan siempre un lugar paradisíaco a nivel del mar, donde se esfuerzan por soportar el sol inclemente bajo sombrillas, acompañados de diversos elixires en las rocas con ingredientes importados. No están solos. Los acompaña una multitud de futbolistas sin brillo, implorándoles que los contraten. Los jugadores de cartel se arreglan aparte. A diferencia del draft de futbol americano de la NFL, aquí lo que menos existe es transparencia. Quizá tampoco conviene mostrar cantidades que puedan llamar la atención de las autoridades del Servicio de Administración Tributaria. En este montaje queda claro quién manda y quién debe someterse a las condiciones del posible patrón, aunque estas sean injustas y desafíen a la Ley General del Trabajo. Al fin y al cabo, el futbol se maneja siempre como una burbuja independiente de la ley, sin más autoridad que la interpretación local de los reglamentos administrativos de la FIFA. El draft definitivamente es un ejercicio mercantil, no mercadológico. Sin embargo y a pesar de su pésima reputación, sigue adelante. Seguirá hasta que  los caciques. decidan, una vez más, lo que se les antoje. Columna anterior: La falacia de lo amateur

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