Alimentación y sustentabilidad regional

En años recientes se ha hecho saber que América Latina y El Caribe tienen el potencial para ser la despensa o el granero de alimentos más importante del mundo, pero que se requiere enfrentar retos como el acceso a las tecnologías, la educación, la pobreza rural y el hambre en la zona, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
De esta región del continente americano, América Central ocupa solamente el 2,7% de la superficie, mientras representa cerca del 7,2% de su población. Según datos publicados por instancias especializadas en seguridad alimentaria y nutrición, en la región centroamericana la alimentación va estrechamente ligada a la agricultura familiar y a la actividad de pequeños productores de granos básicos, donde más de la 40% de la población es rural.
Como resultado de iniciativas y programas especiales (PESA) y de la acción de los mecanismos del sistema de integración centroamericano, se ha advertido sobre su importancia. El Programa Regional de Seguridad Alimentaria para Centroamérica (PRESANCA II) y la FAO participan en esos esfuerzos junto con otras agencias nacionales e internacionales. De manera coincidente, para México los temas de la alimentación regional representan patrimonio y sustentabilidad, además de estar en lugares destacados de las estadísticas bilaterales y de los intercambios culturales. Está en la argumentación diplomática, al mismo tiempo que atada a la identidad. Aunque también ligada a los riesgos para el desarrollo regional cuando se pone en riesgo la seguridad nutricional, por ejemplo.
Es difícil desligar los temas de la alimentación de asuntos tan importantes como la paz y la seguridad en el marco de los procesos de integración hemisférica.
Desde la óptica del concepto de seguridad global, la alimentación es un bien a cuidar y la convergencia con las otras dimensiones de las relaciones internacionales es necesaria. Más, cuando se trata del consenso en materia alimentaria, o de la solidaridad al enfrentar las necesidades comunes. Desde ese ángulo, aparecen problemas como los crecientes precios de la tortilla el frijol o los efectos de las emergencias por súbitos cambios en los patrones de intercambio global, temas que no pueden separarse del resto de problemas de seguridad regionales.
El reto para la alimentación de las poblaciones en el campo y las urbes de los países que viven nuevas migraciones y una alta movilidad es todavía mayor. Las composiciones territoriales que surgen de los nuevos asentamientos invitan a soluciones creativas y estrategias públicas diferentes por lo que se refiere a la alimentación, cuando se trata de la relación entre el campo y la ciudad, como se ha planteado desde estos países. Según reporta el PESA centroamericano en 2017, una parte importante de la solución pasa por la coordinación regional, el fortalecimiento de los gobiernos centrales, las mancomunidades y las organizaciones involucradas, como ha ocurrido en zonas rurales de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.

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