Países con techos de cristal

Bien podría llamarse el índice femenino. Se refiere en realidad a los riesgos que está dispuesta a correr una mujer para salir del país donde nació y huir de una crisis política, económica, social, o todas al mismo tiempo.
Esta migración pudo verse en su momento en Cuba, Nicaragua y El Salvador, o en Colombia: mujeres dispuestas prácticamente a correr cualquier peligro con tal de escapar a una realidad desagradable. México lo ha visto por años, sobre todo por razones económicas.
Ahora es el turno de Venezuela. Y no importa lo que diga el gobierno de Nicolás Maduro, entone "el pajarito" o rabien Delcy Rodríguez o aquellos que piensen que la ideología justifica la ineptitud.
En los últimos meses ha aumentado y continúa la llegada a México -y probablemente a otros países- de venezolanos. Entre ellos, las de mayor visibilidad son evidentemente las mujeres, si no por otra razón que por su creciente presencia en los espectáculos (televisión, teatro, etc), o porque algunas o muchas de ellas recurren a empleos tan obvios como el de hacerse meseras en restaurantes.
Hay una cantidad de ellas -y ellos, por demás- que ha logrado salir del país gracias a las empresas en que trabajan. 
De hecho, hace todavía una década Venezuela era un país receptor de migrantes, sobre todo de origen colombiano. Ahora las cosas han cambiado. Más de un millón de venezolanos llegaron a Colombia desde 2014 y miles mas se han desperdigado por la región, incluso en México.
En ese marco es que las venezolanas han debido recurrir a todos los métodos posibles y correr los riesgos que los acompañan. Su necesidad de abandonar el país puede ser el mejor testimonio de la situación de Venezuela.
Después de todo, quienes salen de su país van a lo que puedan allegarse. Las personas de más dinero o con vínculos en el exterior pueden o han podido asentarse mejor, pero muchas personas de clase media o menor han salido a la aventura y quizá al peligro.
En ese sentido se puede señalar la presencia en México de mujeres y hombres jóvenes venezolanos -algunos con grados universitarios- en empleos que son apenas de subsistencia. Con la esperanza de sostenerse mientras encuentran una mejor oportunidad de migrar hacia EU.
Pero desgraciadamente muchos con pocas esperanzas de regresar, al menos mientras esté ahí un gobierno que como el actual ofrece muy pocas esperanzas pero eso sí, mucha retórica. La situación en todo caso es en algunos puntos similar a la de México, donde la falta de acción de gobierno ha llevado a problemas de impunidad o de observancia de la ley en varias regiones.
El actual pleito entre los gobiernos de México y Venezuela podría ser visto como un clásico caso de "el comal le dijo a la olla". Pero el hecho es que el número de expulsados de Venezuela es creciente y visible.
Y cuando quienes saltan de la sartén con la esperanza de no caer en la brasa son mujeres, el indicativo es mucho peor.
Los dos países tienen el techo de cristal. Pero el del presidente Maduro es mas frágil.

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