La rebelión contra Peña

Hace unos días un grupo de priistas se declaró en rebeldía contra la dirigencia nacional y el presidente Peña rumbo a la Asamblea que definirá las reglas para la elección del candidato a la Presidencia. ¿Quiénes son y qué simbolizan quienes intervinieron en el ascenso de Peña? ¿Por qué este movimiento puede ser vital para el futuro del partido?

Aventurar algunas respuestas hace indispensable recuperar parte de la historia de la LXI Legislatura.

Era septiembre de 2009, Felipe Calderón era presidente, Enrique Peña gobernador y Francisco Rojas líder de los 242 diputados del PRI. El vicecoordinador era José Ramón Martel y atrás estaba César Augusto Santiago, un viejo operador electoral de la era del salinismo.

A la mitad del gobierno de Calderón los principales grupos del Revolucionario Institucional comenzaron a ver a Peña como un gobernador con posibilidades de recuperar la Presidencia.

Sin el Presidente en Los Pinos, los priistas improvisaron y desde la Cámara de Diputados –y no desde el PRI nacional– se desplegó un febril trabajo político para que Peña, gobernador del Estado de México, se consolidara como candidato a la Presidencia.

Fue una estrategia precisa y cuidadosamente implementada por tres hombres: Rojas, coordinador de la bancada, seguido por Martel y Santiago. Ellos se encargaron de construir acuerdos con el PAN y el calderonismo para aprobar varias reformas de fondo, y pactos para sacar adelante los presupuestos de los estados gobernados por priistas.

Los tres mosqueteros a cargo de consolidar la candidatura de Peña y movilizar al priismo no estaban solos en el Palacio de San Lázaro.

Los acompañaban políticos cercanos a Peña como Luis Videgaray, Emilio Chuayffet y Alfonso Navarrete Prida, así como diputados con carreras ascendentes en la constelación del nuevo PRI, que se unieron de inmediato al plan: Javier Duarte, de Veracruz, Miguel Borge, de Quintana Roo y Rubén Moreira, de Coahuila. 

Es quizá la legislatura que más candidatos a gobernadores cosechó; alineados alrededor del proyecto de ascenso de Peña, todos ganaron sus elecciones.

El tiempo muestra lo que en realidad concibió la LXI Legislatura en esos años: no solo fue la pista donde despegó la candidatura de Peña sino el gran semillero de una clase política hundida en el desprestigio.

Esta historia es importante para entender en qué posición se encuentra Peña ante esta rebelión de un centenar de priistas, entre ellos figuras clave en su ascenso a la Presidencia como Rojas –quien ha encabezado a un grupo de ex diputados inconformes con la dirigencia– y Martel, o como Santiago, todo un mago de las suertes electorales.

Los priistas en rebeldía exigen consulta directa para elegir candidato y cerrar la puerta a una candidatura en alianza del PRI y el PAN.

La rebelión es interesante porque vislumbra un enfrentamiento entre partes importantes del priismo viejo y tradicional con Peña, quien en estos años construyó un priismo peñista alterno en el que intentará depositar la candidatura.

Columna anterior: El regreso de El Caballito


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