CHIAPAS

Tragedia migrante en Chiapas: Un mes, y ningún detenido

Investigación por la muerte de 56 extranjeros en Chiapas, sin avances; responsables están libres

NACIONAL

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Flores, oraciones y veladoras han sido colocadas en el sitio del accidente. Foto: José Torres

Pedro salió el pasado 9 de diciembre, en la tarde, por unos cuantos minutos de su vulcanizadora y al regresar se encontró con un escenario apocalíptico. No lograba entender con rapidez lo que había ocurrido; observaba atónito el ramillete de cuerpos que yacía sobre el asfalto de la calle de Abeto, muchos más heridos sobre la carretera Chiapa de Corzo-Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas.

Su talachera fue el epicentro de la tragedia en la que 56 migrantes de Centroamérica y otros países perdieron la vida, tras la volcadura de un tráiler en el que viajaban hacinadas 166 personas.

A un mes del accidente que ha marcado un parteaguas en el fenómeno migratorio en México, los hilos de las diligencias e investigaciones son tan delgados como la línea de vida de los que murieron mientras buscaban llegar a Estados Unidos en manos de coyotes.

Para Pedro y muchos de los lugareños de El Refugio, una colonia precaria entre mesetas perteneciente al municipio de Chiapa de Corzo, el chofer tuvo que pasar por dos retenes de vigilancia por los que constantemente los ciudadanos pasan de camino a la capital de Chiapas o hacia otros municipios.

Pero nadie vio a 166 personas hacinadas. O las autoridades hicieron ojos ciegos, o en definitiva tenían entero conocimiento y fueron manipuladas con dinero, opinan los avecindados.

Del conductor del tráiler nada se sabe; de los operadores de esta red de tráfico de personas, tampoco. Autoridades federales y estatales no han podido resolver el siniestro episodio que ha dejado muchas víctimas sepultadas y a los autores materiales e intelectuales en total libertad.

“No sabemos qué fue lo que pasó, no se sabe nada. Puede que el chofer haya venido cansado o desvelado, alguna falla mecánica o metido en el celular, o a lo mejor sabía lo que traía (migrantes) y venía nervioso”, apuntó el hombre.

“Aquí se llenó todo de gente, algunos tirados vivos que pedían auxilio y otros que ya no se movían; nunca había visto tanto muerto aquí y sí ha habido otros accidentes pero no a esta dimensión”, relató.

El Heraldo de México visitó la zona del accidente, donde Pedro estuvo a centímetros de perder su vulcanizadora. El tráiler se asomó hasta la barda del taller, pero el puente peatonal del lugar impidió que colisionara contra el muro, en el que ahora ha sido pintada una leyenda que reza “Chiapas está de luto, la Curva del Migrante”.

La imagen de una Virgen de Candelaria y tres arreglos florales ya pálidos recuerdan la tragedia. También fueron colocadas algunas veladoras que, por el viento indómito, se han apagado casi al instante de ser puestas. También una cinta de acordonamiento con la leyenda “criminalística” que fue utilizada el día del suceso revolotea con el aire.

Allí está una papeleta con los datos de trámites migratorios que Jeremías Sánchez Aguilar, un ciudadano salvadoreño, inició en México pero nunca concretó por la negligencia de las autoridades.

Jeremías, lamentablemente, perdió la vida en el accidente junto con otras 55 personas que lo acompañaban en el sueño convertido en pesadilla. A un costado de las credenciales de él, una imagen de San Judas Tadeo descansa y convierte el ambiente hostil.

También ha sido colocada una cruz de metal, que cuelga de las bases del puente peatonal donde el tráiler colisionó. La estructura, según los vecinos, también fue golpeada y ahora temen que colapse con el paso del tiempo.

María, una joven mujer habitante del refugio, se ha parado en la esquina de la acera donde ocurrió la tragedia. Espera un colectivo que la lleve hacia su centro de trabajo, en el hospital general de Tuxtla Gutiérrez.

La empleada del área de intendencia del hospital aún mira a lo lejos el punto donde sombras se han impregnado en el pavimento. “Eso es sangre, sangre de la gente que ese día murió, de los heridos que gritaban y lloraban y por quienes poco se podía hacer, porque todo era un caos”, sostuvo.

Mary, como la llama su familia, vio el 9 de diciembre un caos en el nosocomio en el que labora. Médicos y enfermeras corrían, pero no sabía porqué, aunque sospechaba de algo grande y trágico. Pasados unos 20 minutos de la movilización médica, recibió una llamada de su madre. “Hija, se acaban de matar migrantes aquí en la salida de la colonia”, le dijo.

Al regreso a casa, el acceso a su colonia y casa le fue negado por la Guardia Nacional. Se que tuvo que esperar hasta la madrugada para acceder.

“Todo era un caos, la gente corría y las autoridades no sabían qué hacer. Había mucha sangre y desorden. Nunca me imaginé que a unos metros de mi casa estuviera la muerte de tal forma”, concluyó.

Para los vecinos del El Refugio ha pasado un mes, pero a diario transitan por la zona del percance y sienten escalofríos, dicen. Peor que eso, sostienen que el tema del accidente va quedando en el olvido, sin detenidos, ni responsables, pero sí con muchos muertos y heridos que regresaron a casa en ataúdes.

A un mes del accidente, el panorama en las investigaciones es oscuro, repleto de diligencias inconclusas y discursos políticos entre gobiernos que aseguran combatirán a las redes de tráfico de personas, pero hasta ahora ningún detenido en uno de los accidentes más trágico en los últimos años en México.

CAR