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Peeping Tom, ofreció a México un viaje alucinante

La compañía belga de danza teatro se presentó por primera vez en nuestro país, en el Teatro de la Ciudad

Peeping Tom, ofreció a México un viaje alucinante
Foto: Cortesía

Aquello que no se ve puede resultar enigmático, desconcertante o siniestro. Ahí, en ese pequeño rincón de lo no revelado se posiciona la mirada de Peeping Tom, compañía belga de danza teatro que debutó en Latinoamérica, con dos presentaciones en el Teatro de la Ciudad “Esperanza iris”.

“Por algo somos Peeping Tom”, había dicho Gabriela Carrizo, codirectora artística de la compañía junto con Franck Chartier. En inglés, la expresión se refiere a lo que en español es ‘mirón’ o en francés ‘voyeur’ y cuando la agrupación surgió, dijo, “nuestro interés era ir a buscar lo que no se ve a simple vista, esa curiosidad que tiene uno como artista y también como espectador: lo que es invisible, lo que no se escucha, lo que está escondido, los tabús…”.

En ese sitio se ubicó “Diptych: The missing Door and The Lost Room” (Díptico: La puerta perdida y La habitación perdida”, dupla coreográfica que se presentó el viernes y el sábado pasado. Originalmente, las piezas forman parte de un tríptico que comenzó en 2013, cuando la pareja de directores trabajó con el Nederlands Dans Theater para crear obras cortas con otros bailarines.

Desde entonces, la carrera ascendente de la agrupación no se detiene: acumulando premios, agotando espacios en su agenda o dejando boquiabiertos a los espectadores. Para su llegada a México han elegido sólo dos partes de su “Tríptico”, traer la tercera resultaba imposible debido a la escenografía: “Teníamos que elegir algo fácil para montarlo y desmontarlo”.

“Elegimos este espacio que es una especie de vestíbulo con puertas, muy simple, una especie de set cinematográfico donde los bailarines-actores son los que generan la misma ficción, entran en el juego teatral y salen y van creando el contexto, a ese personaje que está agonizando; para mí, la historia son unos pocos segundos antes de su muerte y lo que transcurre en ese lapsus ínfimo de tiempo en su cabeza, en sus recuerdos, en sus miedos, por todo lo que atraviesa”, señaló Carrizo.

En su paso por México, Peeping Tom sorprendió con su control físico, su adiestramiento en escena y las posibilidades que una narrativa (aparentemente sin sentido) puede provocar en perfecta consonancia con la escenografía, la música e, incluso, el vestuario.

Pero no es que existiera una narrativa lineal o convencional: “No es que hay que comprender una obra de teatro de A a B, es más una experiencia que se vive en los espacios y con los personajes en la búsqueda de su destino”. Por ello, los tiempos se van mezclando y todo parece fuera de control, excepto el potente sentido dramático de lo que sucede y la fuerza y vitalidad que requieren los bailarines-actores en escena.

“Somos amantes de las escenografías, es algo que siempre nos inspiró, en Bélgica, en la época en que empezamos a crear con Frank quizás había menos escenografías en la danza, la cuestión de los espacios era más conceptual, de espacios vacíos, a nosotros nos fascinó mucho siempre la pintura, el film, la fotografía y siempre el espacio nos generaba ya un terreno de juego, un terreno de inspiración, incluso dramatúrgico, para contar nuestras historias”, explicó.

Así, el debut de Peeping Tom en México fue un viaje alucinante, un viaje personal entre pasillos y puertas donde el tiempo no es el del reloj, sino el del pensamiento, el de la locura, la desesperación y el miedo: “Trabajamos mucho con los tiempos paralelos, con los tiempos que se yuxtaponen, entonces estos personajes viajan en los tiempos de su existencia y también mueren en esos tiempos”, dijo la directora. Todo se cumplió.  

  • La música es otro elemento de cada obra, en este caso la dramaturgia sonora es de Raphaëlle Latini.
  • Díptico ha sido reconocida en festivales de Mónaco, Italia y Reino Unido.
  • Desde 2013, la compañía cuenta con más de una veintena de producciones. 

PAL

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