ARTE

Lázaro Blanco. El contraste magistral en la fotografía

El que hoy México cuente con excelentes fotógrafos surgió de esta semilla, gracias a él, germinó

LÁZARO BLANCO. “Perfección”, 1970-1980. Cortesía: Fernando Pouliot Madera.
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Fuimos la última generación de alumnos de Lázaro Blanco. Nos enseñó su técnica para tomar fotografías y revelar e imprimir imágenes en cuarto oscuro utilizando los productos químicos que liberan la luz atrapada en la superficie de los viejos rollos de película fotográfica. 

Lázaro nos enseñó la incomparable belleza del grano fotográfico basado en las moléculas de bromuro y halogenuro de plata, ese metal tan mexicano que, con cierta combinación química, adquiere la capacidad de oxidarse y registrar detalles microscópicos si la luz que emana el dios Helio la toca por un instante. 

No puede ser casualidad que precisamente en la fronteriza Ciudad Juárez haya nacido el fotógrafo magistral de los grandes contrastes: Lázaro Blanco, y en México, país de plata y de fotógrafos, de arquitectos y diseñadores, banquete visual de intensa luz solar y sombras profundas. 

Lázaro Blanco tomó muchas de sus fotografías en espacios abiertos, soleados, en calles, explanadas donde la luz natural y las sombras producen contrastes muy intensos, en que aparecen personas que interactúan con el entorno, en situaciones ordinarias, pero no para el ojo educado del fotógrafo. 

Su prestigio creció a la par de su obra, y llegó a ser uno de los fotógrafos oficiales de los Juegos Olímpicos de 1968. Muchas de las fotos oficiales que se pueden apreciar de ese evento son de Lázaro Blanco. Por este trabajo obtuvo el National Newspaper Snapshot Award. 

Lázaro ocupa, con toda justicia, un lugar en numerosas historias y enciclopedias de la fotografía del siglo XX. 

Durante sus clases nos comentó cómo extrañaba sus viajes a Nueva York; él compartía sus recuerdos con sus alumnos. Aquella ciudad era un verdadero manjar de imágenes urbanas, sombras de rascacielos sobre espacios soleados. Lázaro llegó a viajar hasta tres veces por año a Nueva York. Nos recordaba sus visitas al Museo de Arte Moderno, los libros especializados en fotografía y la tienda de artículos fotográficos B&H en Manhattan, donde todo se consigue. 

Además de haber sido un fotógrafo notable, Lázaro Blanco fue un maestro extraordinario. Los cursos talleres en la Casa del Lago se prolongaron por más de tres décadas. El que hoy México cuente con excelentes fotógrafos surgió de esta semilla, que , gracias a él , germinó. Es un privilegio ser formados por profesores como Lázaro Blanco, miembro de la última generación antes de la fotografía digital. Sus clases incluían fundamentos de la física de la luz y la óptica aportados por científicos como Planck. En el salón, Lázaro divulgaba también preceptos del arte en general, del cine, la arquitectura y el diseño. Se analizaban ahí, uno a uno, los conceptos pertinentes: la proporción áurea, la simetría, la diferencia entre composición y encuadre, el sistema de zonas. Desfilaban por su clase los grandes fotógrafos: Atget, Adams, Bresson, Álvarez Bravo, Weston, etcétera. 

Lázaro explicaba que la revolución de las cámaras portátiles puso al alcance de todos la fotografía, pero al notar los fabricantes que los consumidores se frustraban con sus fotos oscuras o demasiado claras, se dieron a la tarea de equipar las cámaras con mecanismos para indicarle al público cómo ajustar el obturador para que la foto no quedara ni oscura ni muy clara, lo que resultó satisfactorio para miles de fotógrafos no profesionales, quienes pudieron hacer colecciones de fotos que, por desgracia, suelen ser grisáceas y débiles en contrastes y textura. Por el contrario, los alumnos de Lázaro Blanco debíamos desarrollar la pericia para obtener en un mismo encuadre fotográfico elementos plenos de luz, pero sin perder detalles por alguna sobreexposición, junto con zonas oscuras en las que no hubiera pérdida de texturas bien definidas. La técnica consistía en ajustar dos pasos menos o dos pasos más los parámetros propuestos por la cámara para el obturador. Al final decidíamos cuál de los dos ajustes permitía obtener mejores contrastes en el registro de lo oscuro y lo claro. La meta era que la fotografía reprodujera con absoluta fidelidad lo que el fotógrafo ve. 

También conocimos el proceso de revelado con la técnica que Blanco perfeccionó tras décadas de prueba con las sustancias químicas que descubren, fijan y limpian la imagen en el cuarto oscuro. 

Lázaro Blanco enseñó los preceptos de un proceso que demanda precisión en todas las etapas, es decir, la sucesión correcta de encuadres, enfoques, revela - dos e impresos para lograr una imagen final perfecta. 

Que compartiera con tantos futuros fotógrafos y amantes de la fotografía los conocimientos que desarrolló metódicamente (al fin arquitecto y físico) hablan de su generosidad y afecto hacia los jóvenes. 

Este mes de mayo de 2021 se cumplieron 10 años del fallecimiento del fotógrafo Lázaro Blanco. 

Conservo como un tesoro mi cuaderno de apuntes, mi credencial de alumno y los rollos de celulosa revelados en el Taller. Al verlos, siento nostalgia de aquellas clases, de la presencia del maestro, de ese tiempo que no volverá, de la mística de aquellos artefactos para fotografiar, revelar e imprimir. Fue hace 10 años. Me emociono. 

Por Fernando Pouliot Madero

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