Una polifonía: nueva poesía sonorense

En el estado norteño las personas hablan golpeado, fuerte, como si quisieran ganarle al viento del desierto el arrebato de las palabras, pero también está la voz de Jóvenes poetas

Una polifonía: nueva poesía sonorense
RETINA DE GALLO EDITORIAL. (2019). Foto: Cortesía del autor

Álvaro Obregón, sonorense. Presidente de México entre 1920 y 1925; una figura central en la Revolución Mexicana, amante de la poesía y poeta también; en esta singular simbiosis, presentamos un panorama de la joven poesía de esa región.

En Sonora, las personas hablan golpeado, fuerte, como si quisieran ganarle al viento del desierto el arrebato de las palabras, y también hay quienes recolectan las palabras erosionadas por distintos discursos coloniales, neoliberales, globalizante y de género. Palabras-piedras, piedras-palabras que ocho jóvenes escritores lanzan al aire: Aziz Córdova (Agua Prieta, 1995), Adrián Alejandro (Hermosillo, 1998), Alexia Santini (Navojoa, 1998), Ingmar Trujillo (Hermosillo, 1993), Diana Picot (Hermosillo, 1994) Hiram Elizondo (Hermosillo, 1993) y Paris Sikairos (Camahuiroa, 1989).

En 2019 la editorial hermosillense La Panadería, a cargo de Paco Alonso Rascón, publicó Mitocondria, donde reunió varias voces, entre ellas las de los poetas mencionados;  actualmente el sello independiente Retina de Gallo publica plaquettes.

PACO ALONSO RASCÓN. Editorial La Panadería (2019). Cortesía del autor.

Imagen de retina

–Una vez, entre sueños, estaba leyendo a Abigail Bohórquez (Caborca, 1936-1995, Hermosillo). Hay un poema que habla del gallo y su hambre ferviente por el agua, la luz y el alba. Tiene esta imagen de su retina extendida buscando el alba, y yo dije al instante: ¡Esto es!, dice Aziz Córdova, relaciono esta imagen con un contexto hostil de crear en Hermosillo, aunque sea la capital de Sonora; es el centro de una periferia, vaya, tampoco es que seamos muy privilegiados que digamos, el caso es que no estamos obsesionados por el futuro; la idea es reconocer y rescatar a los que estamos, para que, como una ofrenda, o como lo que ofrece el gallo: su atención, sus plumas, su condición picaresca, sea una ofrenda para el Sol.

Aquí está nuestra ofrenda con cuatro plaquettes y un libro que vienen de procesos de varios, y son voces distintas, que orbitan en torno a la gente que escribe en Hermosillo, como Hiram Elizondo, a quien amamos con todo nuestro corazón y cuya poesía gira en torno al acto de consumirse; en torno a lo ígneo… a la llama.

Amor y júbilo

Retina de Gallo es una editorial independiente fundada con nuestras chambas de medio tiempo, subraya Aziz, con el dinero de estudiahambre que pudimos rascar debajo de los cojines y de los camiones que no tomamos; preferimos ir a pie a muchos, muchos lugares, hay un sacrificio bien loco, aunque no es tanto un sacrificio, hay mucho amor, mucho júbilo y deleite. Nace de las inquietudes en la universidad, del diagnóstico de una falta de diálogo o de circulación de promoción de la lectura misma de nuestros pares y contemporáneos.

Empiezan a surgir distintos proyectos como revistas, slams, círculos en los que poco a poco nos vamos guiando hacia una idea, simple como una semilla. Aunque pesó más la amistad, el compañerismo y las ganas de empezar a trabajar de forma colectiva, destaca Ingmar Trujillo, quien junto con Diana Picot y Aziz Córdova, forman Retina de Gallo, que publicó la poesía de Alexia Santini.

Yo siempre he dicho que leer los versos de Alexia es como estar sentado adentro del colisionador de hadrones; Alexia sublima todo, es atómica, es molecular, no lo que ella escribe; está hablando de que alguien toca a la persona y no menciona dedos, ella habla de electrones, de movimientos electromagnéticos, ella es así, es euclidiana casi pitagórica; su poesía de desplaza entre el mundo abstracto científico y el místico al mismo tiempo, agrega Ingmar.

RETINA DE GALLO EDITORIAL. (2019). Cortesía del autor.

Poesía sonora

Si la poesía de Alexia Santini es molecular, la de Hiram es ígnea; la de Aziz Córdova es sonora, me cuenta cómo se identifica con Gilberto Gil, pionero del bossa nova, quién del campo emigró a la gran ciudad para buscar su carrera musical y creó una parte del género encerrado en el baño de su hermana, que era con quién vivía.

Ese pequeño espacio, lleno de azulejos y con el eco que le devolvía, inventó ese ritmo y cadencia que sólo en un lugar tan calmado, él podría recibir de vuelta. –Yo creo que es un poco eso para nosotros, dice Aziz, nuestra obsesión con la sonoridad proviene de que le hablábamos a la nada, al amanecer, a los carros, a las calles, al pavimento, a la terracería, a los gallos, a las vacas, a los pollos; sin embargo, no había esta efervescencia en torno a la literatura, porque estamos en Agua Prieta, la periferia de la periferia. Sonora ya es la periferia de México y Agua Prieta está en la orilla de la orilla; hay un poema mío, “Postal”, con un verso al final que dice: “la libertad que implica la irrelevancia”, y en este campo es donde nace mi poética y la de mis amigos de Agua Prieta.

Confesional y política

Yo disfruto mucho la sonoridad en la poesía por su intimidad, continúa Aziz, porque es hasta confesional, sin ser patética, también es política porque el hecho de que esté dialogando con otras obsesiones de la gran poesía; viendo sus raíces orales y comunitarias; la poesía sirve para generar esta cercanía, estos afectos respecto a las fallas de generaciones anteriores, de las cuales no nos liberaremos nosotros; es decir, no cabe en mí la integridad de creerme fuera del machismo o fuera de todos los males, de todas estas obsesiones y patologías que genera en mi vivir en este estado neoliberal, al final de cuentas, aquí me he socializado y tengo toda la gloria y toda la miseria, no es que implique eso, pero sí creo que es importante tener la humildad de admitirlo.

En cambio, la poesía de Adrián Alejandro subvierte de manera abyecta y corporal las imágenes con un discurso político que despliega poéticamente.

Poesía sensorial

–La poesía es silencio, la literatura es algo más contemplativo; mis poemas son más cálidos y bastantes sensoriales, pretendo que tengan también una repercusión física, no sólo en el lector o en el espectador, sino que los poemas por sí mismos tengan plasticidad: el poema puede tener olfato, tener vista, tacto y los seis sentidos, porque dicen que hay más de seis; entonces mis poemas tienen textura, tienen colores  que tú puedes ver, sentir, saborear, por ejemplo.

Lo abyecto y colectivo del cuerpo implica hasta dónde detestamos lo que está fuera de nosotros, esto involucra enunciarse desde un lugar que no es centro, porque en el centro tendemos a desplazar lo periférico y lo periférico a nivel corporal son las uñas, son los mocos, son lo abyecto lo que no queremos que esté ahí pero que sin embargo está, entonces cuando tu retomas eso y lo incorporas, es también una práctica decolonial a propósito de hablar al cuerpo, desde el cuerpo y para el cuerpo.

Por Octavio Avendaño Trujillo

 

Las mejores recomendaciones de libros están en El Podcast Literario

 


Compartir