El ruido del mundo: arte y redes sociales

Con todo el conocimiento que podríamos aprovechar, siguen circulando falsas noticias

Lo que va en contra del espíritu del arte es que se conozca sólo a través de la crítica. Ilustración: Especial
Lo que va en contra del espíritu del arte es que se conozca sólo a través de la crítica. Ilustración: Especial

¿Estamos satisfechos con el acceso a la información ilimitada? Una formación de este tipo no nos llena la cabeza con datos, sino que otorga experiencias esenciales para el desarrollo humano. La información puede incluso tomar el curso contrario a la formación y moldear un concepto erróneo de las cosas.

 

Así, con todo el conocimiento que podríamos aprovechar, siguen circulando falsas noticias, la política se ha desvirtuado, existe la mínima inquietud ecológica, se forman ideas mediocres de la religión, y si se llega a hablar de sexo se hace con un desconocimiento apabullante.

 

En cambio, un uso adecuado de este conocimiento de fácil adquisición es lo que aquí llamo formación. Es la síntesis correcta de la información que circula y que contribuye a la construcción de una experiencia auténtica para el individuo.

 

Esta síntesis, además, es creativa: forma un pensamiento propio y, por lo tanto, un estilo de vida. Quisiera centrarme en el caso particular del arte y la cultura. El arte proporciona signos que dan sentido a la experiencia humana, pero estos signos se pierden con facilidad en el caudaloso exceso de información al que tenemos acceso.

 

Con frecuencia, lo que hallamos en los medios acerca del arte no es sino el comentario elocuente de una experiencia esencial. Esto favorece a la opinión pública, loable en cuanto libertad de expresión, pero también provoca un efecto contrario a los propósitos de la cultura, ya que sin quererlo va en contra del espíritu vivo del arte, de su experiencia palpable.

 

Las obras clásicas son las más propensas a ser comentadas sin ser realmente vividas. Shakespeare es un ejemplo secular. Su obra ha sido estudiada, comentada e interpretada al grado de poner esta labor de investigación por encima de la experiencia auténtica de leerlo.

 

Lo que va en contra del espíritu del arte es que se conozca sólo a través de la crítica y no de la experiencia fundamental que ofrece. Una pieza artística puede volverse referencial sin necesidad de convertirse en una experiencia común. Cualquier experiencia artística, por nimia que sea, posee más significado que lo que dejan ver la teoría y la opinión pública.

 

Dan sentido al mundo, pero sólo para los que lo buscan, para aquellos que están dispuestos a escuchar por encima del ruido del mundo.

 

Por PEDRO PABLO NÚÑEZ (MÚSICA EN INNOVACIÓN

INVITADA: UNIVERSIDAD PANAMERICANA

 

PIENSA JOVEN / EL HERALDO DE MÉXICO

 

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