Así fue la Marcha del Silencio en 1968: un desafío al régimen

Previamente, en un acto del gobierno, se exhortó al movimiento estudiantil a deponer su rebeldía estéril y seguir el ejemplo de los ‘Niños Héroes’ y unirse a la causa del progreso nacional

FOTO: Especial
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El 13 de septiembre de 1968, aproximadamente 250 mil personas -en su mayoría estudiantes- marcharon en silencio del Museo Nacional de Antropología al Zócalo de la Ciudad de México para pedir un diálogo abierto al régimen de Gustavo Díaz Ordaz.

Apenas dos semanas antes, el 28 de agosto, tanquetas y soldados del gobierno federal habían expulsado del Zócalo a participantes del movimiento estudiantil que se manifestaban, mostrando así su rechazo a la presión social.

Tres días antes, en asamblea del Consejo Nacional de Huelga se acordó que la manifestación sería en silencio para demostrar al pueblo mexicano que los estudiantes no eran unos vándalos y demandaban  un diálogo abierto con el gobierno.

A las 17:15 horas, bajo la consigna de que nadie debería abrir la boca, inició la manifestación del silencio en el Museo Nacional de Antropología, con una avanzada de vehículos y motocicletas para abrir paso a los contingentes conformados por estudiantes, profesores, empleados y gente del pueblo.

Los manifestantes de aquél entonces portaban carteles con las siguientes leyendas: Libertad a la verdad, ¡diálogo!, El pueblo nos sostiene, por el pueblo es que luchamos, Líder honesto igual a preso político, Luchamos por los derechos del pueblo mexicano, Mi raza ha sido pisoteada y a mi espíritu no se le permite hablar, ¡Tierra para todos!

En su texto del 9 de septiembre, José Carreño nos recuerda:

Fue el momento en que nació también la V como símbolo del Movimiento del 68.

Ángel Verdugo, de la Escuela de Físico-Matemáticas del IPN, contaba años después que mientras caminaban, con el continuo temor de represión, al pasar casi enfrente del Seguro Social, en Paseo de la Reforma, una señora que estaba ahí saludó con la mano en alto y los dos dedos separados, la V.

El saludo fue replicado, una y otra vez. Y así entraron al Zócalo. Era un acto de reafirmación ciertamente.

La Marcha del Silencio del 13 de septiembre tenía otro elemento simbólico importante: la conmemoración del aniversario de la Batalla de Chapultepec de 1848.

Durante la ceremonia oficial para conmemorar a los niños héroes, los oradores ubicaron a los ‘Niños Héroes’ como ejemplo de virtudes patrióticas ante la juventud, exhortando al movimiento estudiantil a deponer su rebeldía estéril y a unirse a la causa del progreso nacional.

Al concentrarse en la plancha del Zócalo, en los discursos se destacaron tres puntos: no se daría un paso atrás en la lucha; el diálogo con las autoridades, de celebrarse, tenía que ser público y el pliego petitorio debía ser resuelto íntegramente.

También se anunció que el 15 de septiembre de ese año se daría el Grito de Independencia en Ciudad Universitaria, Zacatenco, el Casco de Santo Tomás y la Plaza de las Tres Culturas.

Sobre el desenlace de la Marcha del Silencio, José Carreño apunta:

Fue la última gran manifestación del 68. El momento que algunos sintieron como el cruce de una línea roja que pudo haber convencido al gobierno de que ya no tenía otra salida que la represión.

El hecho es, en todo caso, que la represión comenzaría en los días siguientes y se haría visible en Zacatenco, Ciudad Universitaria, Santo Tomas, Tlatelolco… Pero quedó el desafiante rugido de la Marcha del Silencio.

Por Redacción El Heraldo de México

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