Piensa Joven

Invitado: Universidad Panamericana

Piensa Joven

Transhumanismo, ¿El futuro de la ciencia ficción?

 

 

Hombres mitad máquina, inteligencia artificial o robots con consciencia humana son algunos de los panoramas recurrentes de la literatura y cinematografía de la ciencia ficción. Sin duda, este tipo de producciones artísticas presentan una conjunción interesante entre la ciencia y la narrativa. Sin embargo, ¿qué pasaría si todos los escenarios enmarcardos por la ciencia ficción dejarán de ser ficción?

 

Ya existe una corriente científica dedicada a la mejora del ser humano por medio de la tecnología: el transhumanismo. El movimiento cultural, tecnológico y social conocido como transhumanismo ha generado presencia en el ámbito científico contemporáneo al enfocar el uso de la técnica y de la ciencia al mejoramiento integral del ser humano: desde las capacidades físicas del cuerpo, hasta la expansión de sus funciones cognitivas y sensoriales. No obstante, ¿cómo distinguir entre una intervención transhumanista y una práctica cotidiana que nos permite  ejecutar nuestras tareas cotidianas? Pues, si somos estrictos con los conceptos, hoy en día los seres humanos recurrimos a toda clase de medidas que actúan directamente sobre nuestro funcionamiento natural: como la implementación de medicamentos o vacunas para apoyar a nuestro sistema inmunológico, la práctica de algún deporte o el aprender a tocar un instrumento con el objetivo de mantener nuestro cuerpo y mente en buen estado, e incluso tomar café cuando sentimos que necesitamos ayuda para mantenernos despiertos.

 

Uno de los pensadores más emblemáticos en temas de inteligencia artificial y consecuencialismo es el filósofo sueco Nick Bostrom. De acuerdo con él, el mejoramiento transhumanista se contrapone a la terapia en el sentido de que el tratamiento (o terapia) busca subsumir algo en la persona que no funciona dentro del parámetro natural; mientras que el transhumanismo busca potenciar las capacidades básicas del ser humano. La ciencia actúa como la afirmación de la humanidad, pues reconociendo la existencia de la razón en búsqueda de perfeccionamiento como algo natural, nos vemos impulsados como especia a apostar por la intervención tecnológica.

 

En contraparte, la postura bioconservadora advierte los riesgos intrínsecos del transhumanismo al considerarlo como una amenaza a lo que realmente involucra el ser humano. Los escenarios apocalípticos y problemáticos que podemos apreciar en las películas de ciencia ficción se han convertido entonces en verdaderos problemas éticos del hombre frente al uso de la ciencia.

 

Por consiguiente la bioética debe apuntar a un diálogo interdisciplinario que haga frente al problema multifactorial que presenta el transhumanismo. Dirigir la atención a las cuestiones que plantea el transhumanismo a cada rama del conocimiento permite rastrear causas, consecuencias y toma decisiones respecto a dirección de recursos, investigación y ejecución de los avances científicos. Las universidades deben proveer de los recursos para la investigación científica y procurar proveer el espacio y las plataformas para el diálogo que acompaña a dicha investigación.

Andrea Fragoso Franco (filosofía)

 

 

Reflexiones en torno a la universidad

 

La universidad es un primer enfrentamiento de la persona con el mundo. Hasta ese momento, un individuo se relaciona sólo con aquellas personas que le resultan afines. Una universidad que forme bien enseña a sus alumnos a pensar, a volverse críticos. No quiero decir que alguien que no asiste a la universidad no pueda pensar críticamente, claro que puede aprender a hacerlo, pero, al igual que en cualquier otra actividad humana, tener una guía facilita mucho las cosas. Sentarse y pensar la muy trillada pregunta ¿Y esto de qué me va a servir? puede ser bastante productivo, siempre y cuando se haga críticamente.

En la sociedad actual, el pensamiento suele ser visto como algo inservible, porque es poco productivo. Hoy en día la productividad es la más importante y destacada meta social. ¿Qué son los ninis, si no una referencia al desprecio por la improductividad? No obstante, el alumno no es la sociedad por sí mismo, sino en conjunto, primero con su familia y compañeros y después con sus compatriotas. Si la universidad ya fomenta la adquisición de un pensamiento crítico individual, ¿qué es lo que debe hacer por la comunidad? La respuesta más sencilla sería que, a través de los mismos alumnos, se propagara el pensamiento crítico. Desafortunadamente, no todos los estudiantes se toman en serio esa responsabilidad. Esta aparente apatía está íntimamente relacionada con la forma de vida contemporánea, profundamente individualista y materialista. La más grande aportación de la universidad es el reintroducir las humanidades en la sociedad. Si la sociedad ha perdido paulatinamente la aproximación humanista, es tarea de la universidad recuperarla.

Ser críticos no significa necesariamente tomar una postura. Una universidad debe mantenerse alejada, por ejemplo, de las afiliaciones políticas, pero no de la política misma. No debe tomar bandos, porque es justamente su autonomía objetiva la que permite hacer crítica tanto a la derecha como a la izquierda. En estos momentos que vive México, ahora que el misterio sobre quién encabezaría nuestro país está resuelto, esta crítica tiene un importantísimo papel en la sociedad mexicana. Es tarea de la universidad, al igual que de sus alumnos, generar espacios de discusión política. Se puede ser crítico en todo tema imaginado por el hombre, pero pocas cosas afectan más a la personas que la política.

No debe olvidarse que, al final del día, muchos de los estudiantes serán exitosos profesionistas, ya sea en el sector público o privado. A México le esperan seis años de un nuevo mandato y pocas han sido las elecciones que generaron tanta polémica como lo hicieron las últimas. Es momento de despertar y no esperar a hablar sobre política hasta 2024.

 

Rafael Crespo Santoyo (Filosofía)

 

 

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
TendenciasPiensa Joven

Piensa Joven