PANORAMA SOCIAL

Aquellos que inspiran: Annette Arellano

La fundadora de Kalimori no es sólo una mujer valerosa, sino también una persona apasionada de la vida

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BUENA CAUSA. El objetivo es que cada uno de los residentes alcance su máximo potencial al descubrir sus habilidades. Foto: Cortesía

Annette Arellano es una madraza brillante y de la que todas deberíamos aprender.

Su vida cambió tras el nacimiento de su hija Alexia, que sufre una discapacidad intelectual, pues los primeros años fueron muy duros y confusos.

Su hija llegó a cambiar su vida y a convertirla en mejor persona. Esos primeros años se volcó en ofrecerle todas las terapias posibles, visitó a todos los médicos que pudo e incluso puso en marcha una fundación para ayudar a otras personas con dificultades similares.

Tras varios cambios vitales, como estudiar una maestría en Relaciones Internacionales, llegó a ella la posibilidad de comenzar el proyecto de Kalimori, que en lengua aimara significa “Casa de luz”. Es una residencia para personas con necesidades especiales en donde puedan desarrollar sus habilidades, ésta tomó forma como una de las fundaciones, en este sentido, más importantes del país.

Annette notó que estas personas querían tener un lugar, su propio espacio, actividades independientes, como sus familiares, ser parte de algo, tener un valor en la sociedad. A través de Kalimori, se dio cuenta que no sólo su hija, sino todos los demás que residen allí, son más felices, libres e independientes, como los adultos de sus mismas edades.

La fundación es amable con el medio ambiente, y contiene tres esfuerzos empresariales con sentido social.La propia Kalimori, la residencia para personas con necesidades mentales especiales; Granja Isana, enfocada en la producción de huevos de gallina, hortalizas y verduras, y Casa Pixan, un hotel boutique con causa, donde se hospedan principalmente los familiares de las personas que residen.

Entre las tres conforman un modelo integral con el propósito común de contribuir a que personas con discapacidad intelectual desarrollen habilidades para el trabajo y para la vida independiente, a la vez que, como sociedad, vayamos cambiando la manera como nos adaptamos a las diferencias y construyendo sociedades y empresas más incluyentes.

Por Rocío Farfil

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