Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Una semana santa de rituales, lágrimas y risas

La supuesta mejor forma de adaptarse a un lugar que se visita es seguir el consejo del refrán: “A donde fueres haz lo que vieres”

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Segundos que cambian la vida

Quién no ha tomado una decisión en la vida de la que después se haya arrepentido

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

De acosador a ¿acosado?

La reconocida psicóloga y autora estadounidense (con más de un millón de libros vendidos) Elaine Aron descubrió la alta sensibilidad en las personas

Llevar puesta tu mejor piel

Llevar puesta tu mejor piel

¡Qué fascinante es la piel! El órgano más grande, el que nos protege de bacterias, regula nuestra temperatura y el que nos permite experiencias sensoriales

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

El niño y su sopa

No tendría más de 8 años cuando mi padre nos contó una historia que no sólo se me quedó grabada para siempre ¡me sacudió para el resto de mi vida!

Las cosas por su nombre

Las cosas por su nombre

Cuando trabajé para una televisora de origen hispano en EU, tomé un curso de una semana sobre el “acoso” como parte de la integración a la empresa

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Corriendo hacia el alma

“Correr a diario es vital, de modo que no puedo aflojar o dejarlo sólo porque esté ocupado”, eso dice el escritor japonés Haruki Murakami en su libro De qué hablo cuando hablo de correr

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

El verbo haber no se conjuga

La temporada de premios cierra con broche de oro con la entrega de los premios Oscar

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Latidos que son música

Tenía sólo 3 años de edad y ya había entregado su corazón por primera vez. Se lo entregó a la música; puedo decir que ése fue, en verdad, su primer amor

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Vivir sin repelente

Pertenezco a un grupo sanguíneo poco común, por no decir raro. En mi adolescencia, mi mamá guardaba celosamente una lista de teléfonos de posibles donadores por si acaso