Ceremonia irónica

Sólo 10 días después de la matanza en Tlatelolco se inauguraron los Juegos Olímpicos, bajo emociones encontradas

DETALLE. Cientos de palomas se soltaron en la inauguración de los
DETALLE. Cientos de palomas se soltaron en la inauguración de los "Juegos de la Paz", un papalote negro en forma de paloma surcó el aire como muestra de repudio. Foto: AP

Aún estaba fresca la imagen de los soldados disparando contra estudiantes, aquella tarde del 12 de octubre al momento de inaugurar, irónicamente, los llamados Juegos de la Paz, la primera justa olímpica que recibió América Latina, en el ensangrentado México 68.

Tras años de preparación y de innovadores proyectos del Comité Organizador de los Juegos, México presentó su mejor cara al mundo esa tarde de otoño en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria de la UNAM.

Aquella institución que en julio fue tomada por el Ejército y tres meses después era invadida por los atletas olímpicos, pero que aún tenía a sus estudiantes con lágrimas en el rostro por el dolor de sus muertos del 2 de octubre en Tlatelolco.

Yo hacía mi Servicio Militar a la vez de estudiar, y apoyaba al Movimiento Estudiantil, recuerda Clemente Pérez Aguilar, en ese tiempo un estudiante de la vocacional Wilfrido Massieu del Instituto Politécnico Nacional.

 

No nos incluyeron para reprimir (en las manifestaciones) porque sabían que éramos estudiantes, pero nos pidieron apoyar en los ensayos del desfile, y ya en los Juegos Olímpicos me tocó hacer valla dentro del Estadio; fue bonito, pero entonces uno tenía la rabia del dolor por lo que había pasado… nomás de acordarse uno llora por todo lo que se vivió, es como si hubiese uno perdido a un hermano, y de qué manera, explicó.

 

Mientras Clemente lloraba de enojo e impotencia en plena inauguración olímpica, otros podían percibir las emociones encontradas. Era algo impresionante, vivir esos contrastes fue muy duro. Durante la inauguración de los Juegos, que fue una experiencia muy hermosa, la gente se manifestó y hubo una tremenda rechifla al presidente Gustavo Díaz Ordaz. Durante la ceremonia, en las gradas había pocos mexicanos, la mayoría eran extranjeros, pero los pocos que hubo sí se manifestaron ahí, recuerda María Elena Ramírez, quien entonces compitió en la disciplina de gimnasia.

Aquella tarde, el presidente Díaz Ordaz, altivo, dio la bienvenida a los cinco mil 516 deportistas de 112 países participantes, que al exterior del país dejaban una luz de esperanza a la fiesta deportiva.

En 1968 se vivía en el mundo la Guerra Fría, la discriminación racial en Estados Unidos y diversos levantamientos sociales en Europa, además de la Guerra de Vietnam, que cimbraban la paz mundial, por ello, el papa Pío VI convocó a una tregua global para hacer de México 68 el reencuentro de la hermandad.

Ese mensaje pacificador lo dio México al liberar miles de palomas en la inauguración. El arquitecto Eduardo Terrazas diseñó unos globos con la forma de los aros olímpicos, que también surcaron el cielo.

Enriqueta Basilio fue la primera mujer del mundo que encendió un pebetero olímpico, después de ascender 93 escalones desde el piso hasta el lugar en donde permaneció la llama olímpica.

Yo salí con mi ropa de entrenamiento, me puse una playera blanca, porque vivíamos momentos complejos en el país, recuerda la exvelocista.

Su imagen quedó grabada porque permaneció al pie del pebetero hasta que culminó la ceremonia, y aunque la logística mandaba que recibiría su uniforme deportivo, éste nunca llegó. Se les olvidó llevarme mi uniforme, y ¡¿cómo iba a salirme en short entre la multitud?! Un señor muy amable de limpieza me regaló su uniforme de intendencia y me quedó perfecto, con ese me salí del Estadio, expresó.

Aún entre el dolor, los estudiantes no usaron los Juegos como un pretexto, ni se manifestaron en torno a las competencias. Ambos, gobierno y civiles, vivieron su propia tregua olímpica, tomaron un respiro y después continuaron, unos con su represión y otros con su lucha.

 

Por KATYA LÓPEZ

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