¡Ahí se iba a armar el cotorreo!

¡Ahí se iba a armar el cotorreo!
Aún con el recuerdo fresco de la matanza en Tlatelolco de 1968, el 11 de septiembre de 1971 miles de jóvenes mexicanos estaban listos para vivir una experiencia donde aseguraban solo habría música, paz y amor. Conforme pasan los años, nuevas historias sobre lo que sucedió el 11 y 12 de septiembre continúan emergiendo. Hay personas que estuvieron en Avándaro pero que prefieren guardar silencio entre sus familias y no hablar al respecto, otros, continúan felices por la experiencia que vivieron en el asentamiento de Tenantongo. DON VICENTE LÓPEZ Mucha de la gente que asistió no necesariamente fue por el gusto al rock, sino porque ahí se iba “amar el cotorreo”, eso nos contó el señor Vicente López Ramírez, comerciante de la Central de Abasto, que en aquellos días contaba con 37 años de edad. “Vamos a Avandaro me dijo un cuate –que le gustaba el rock– se va a poner bueno”, recordó el señor López. Con el rostro lleno se surcos (prueba de sus 84 años), con dificultad para caminar y con escaso cabello,- Vicente platicó que cuando llegó a Avandaro vio puros jóvenes "que parecían estudiantes, la gente que estudiaba en una universidad en ese tiempo tenía más o menos recursos económicos", dijo. "Como yo tenía una lana y el que iba conmigo también tenía, eso nos dio la oportunidad de poder ir", recordó don Vicente. "Bueno cuando se trata de esas cosas uno se las ingenia, hasta robando, pero la mayoría de los que estaban ahí se veía que tenía posibilidades". "En lo personal a mí no me gustaba el rock, pero cuando llegamos todos los chavos estaban acostados boca arriba y boca abajo, casi todos en cuernavaca (desnudos), muchas mujeres sin ropa tomando y drogándose", relató don Vicente. El comerciante de Verdolaga, berros y lechugas francesas hace una pausa y vuelve a recordar "yo fui a echar cotorreo, pero me gustó más un evento que hicieron en ese tiempo en Zacatenco (ubicado en San Pedro Zacatenco y Santa María Ticomán, al norte de la Ciudad de México). Estuvo suave, pura Sonora Matancera, Santanera, no recuerdo a todos los grupos que ahí tocaron". ENTRE DOCTORES En La Esquina del Pibe, un restaurante argentino en el centro histórico de la CDMX, se reúnen cinco médicos jubilados para compartir anécdotas de su alma máter, la UNAM, entre ellas Avándaro, un recuerdo que ya no se cuenta por temor a que sus hijos y nietos sigan sus pasos. Con un auto prestado, cerveza en la cajuela, una bolsa llena de marihuana y muchas ganas de sentir lo que se había anunciado como el festival de la libertad, cinco jóvenes de entre 20 y 23 años se aventuraron al Festival de Rock. Hoy, 47 años después, el recuerdo de esos días se queda en la memoria de Armando, Rubén, José Luis, Roberto y Manuel, quienes prefieren evitar el tema. "No me da pena, pero no la cuento porque no quiero que mis hijos sigan ese ejemplo (...) No dejé de ser libre, sólo aprendí nuevas formas de expresar mi libertad", confiesa Armando. Ese día el tránsito era terrible pero con "un porrito en el camino y los cassettes" el trayecto se hizo corto, "al final el carro quedó oliendo a mota" recuerda José Luis, quien ahora tiene 69 años. Al llegar, los chicos citadinos sintieron la euforia que la magnitud les evocó, "había mucha gente, mucho hippie igual que nosotros". El concierto se trató de compartir, "ahí el que tenía, compartía y sino, le tocaban los madrazos", cuenta Armando. Por Israel López
 

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