Mariana Baños, vocación para ayudar

Con la Fundación Origen, Mariana ha apoyado a mujeres en situación de vulnerabilidad durante 23 años. Ahora también trabaja por los damnificados del 19s

ALTRUISMO. A través de su fundación ha logrado implementar diversos
programas que ayudan a personas que enfrentan situaciones de crisis. Foto: Especial
ALTRUISMO. A través de su fundación ha logrado implementar diversos programas que ayudan a personas que enfrentan situaciones de crisis. Foto: Especial
Foto: Cortesía

Con el paso del tiempo, su compromiso con las mujeres se extendió hacia otros ámbitos donde ellas siguen siendo el eje, pero surgen otras prioridades, como sucedió con los sismos de septiembre de 2017. La fundación ha evolucionado a partir de los desastres naturales por los que ha pasado México. Generamos alianzas y redes con otras organizaciones y empresas que también quieren ayudar.

¿Cómo se dio esta transición, de ayudar primordialmente a la mujer, a involucrarse con los damnificados del sismo?

Nuestro modelo original es de atención e intervención en crisis para la mujer. Pero hoy en día, para la mujer y su familia, porque vemos que ellas, como cualquier ser humano, atravesamos por ciertas situaciones donde te sabes vulnerable. El primer paso ante estas emergencias fue convertir nuestras oficinas en centros de acopio. Desde el primer temblor que sucedió en Oaxaca abrimos nuestras puertas. Cuando sucedió el segundo temblor, el 19 de septiembre en la Ciudad de México, se le dio mayor visibilidad al que sucedió en Oaxaca el 7 de septiembre, una tragedia que se hubiera minimizado, y que desde luego no fue mínima. Creo que los estados más afectados al día de hoy, y con menor avance en su reconstrucción, tanto de vivienda como de tejido social y desarrollo económico, son Chiapas y Oaxaca, donde ya existía una pobreza extrema que todo el país pudo ver después del temblor.

¿En qué consiste el trabajo de Origen dentro de estas comunidades?

En la primera fase de emergencia recolectamos ayuda humanitaria y juntamos 700 toneladas de ayuda. A raíz de esto surgieron fondos privados que decidieron invertir en algún estado, pero como una ayuda permanente, no sólo de reconstrucción de viviendas. Así es como entramos con el modelo de Casa Origen, que es presencia dentro de estas comunidades, para reconstruir el tejido social, dando talleres de rehabilitación y todo lo que tiene que ver con atención post trauma. En Oaxaca ya conseguimos trabajo para 250 mujeres, con un ingreso mensual estable, comercializando sus propios productos, y donde ellas mismas pueden ser facilitadoras de primeros auxilios dentro de sus comunidades.

¿Es complicado cuando se les pide rendición de cuentas?

La verdad hemos hecho un trabajo muy profundo con varios fondos que nos buscan para que no sea nada más construir viviendas, sino que haya una contención emocional y además exista una capacitación para un desarrollo económico en esas comunidades. Así nos encontramos con Love Army y con Cofarmex. En Ocuilan (Estado de México) es un proyecto más chiquito porque hay menos fondos, pero se va a construir un centro comunitario que va a quedar permanentemente, y que no solamente beneficiará a las familias que tuvieron algún problema con su casa, sino al municipio entero, porque son familias con un grado de vulnerabilidad muy alto, y en ciertas partes de esa zona hay pobreza extrema. Se va a invertir a largo plazo, con procesos más profundos, y a veces más lentos. La gente quiere ver respuestas luego, luego, y no es así. El reto ahí es cómo hacer una intervención para que esas familias realmente tengan un impacto positivo. Tenemos equipos locales que han invertido más de cinco mil horas, trabajando todos los días para asegurar permanencia y continuidad en ese municipio, y que no sea sólo dar un apoyo e irte sin saber nada más de ellos. No se trata solamente de reconstruir cuatro paredes, son personas que perdieron su patrimonio, sus ahorros, sus recuerdos, su vida entera.

¿Cuál es tu balance a un año de los sismos?

Al día de hoy, con todo y la respuesta maravillosa que ha habido, no hay fondo que aguante el nivel de tragedia. Son 800 mil familias afectadas. Es un proceso que va a estar largo, y la sociedad necesita saber que la urgencia no ha acabado. ¿Cómo se le hace para reactivar todo al mismo tiempo? El nivel de bienestar baja automáticamente, y la desesperación, angustia y miedo crecen. Por eso hay una intervención multidisciplinaria, donde algunas organizaciones se encargan de la salud, y a otras nos toca restablecer la parte comunitaria, donde hay que trabajar mucho en la resiliencia, y generar otra vez una expectativa de esperanza.

Has sido reconocida y premiada por los logros de la Fundación Origen, ¿cómo te sientes con el respeto que tu trabajo ha ganado?

Por un lado muy orgullosa. Para nosotros es un privilegio poder tener un reconocimiento, tanto de la sociedad como de las empresas, y que confíen en que los recursos que le van a destinar a Origen van a llegar a su destino y van a ser lo mejor aplicados posible. México tiene que saber que las organizaciones de la sociedad civil somos lo más transparente que hay. Tal vez durante años hubo esta idea de que la filantropía era jugar a la caridad, y que no se rendían cuentas, pero ahora es al revés. Hoy por hoy, las nuevas reformas fiscales nos exigen muchísimo más que a una empresa. También nos toca agradecer a los medios de comunicación, porque nos dan voz y nos ayudan a difundir el trabajo que se ha logrado.

 

Por Carlos Celis

¿Te gustó este contenido?