México y EUA, unidos más allá de sus gobiernos: Andrew Selee

El presidente del Instituto de Políticas de Migración (MPI) condensa una década de trabajo y experiencia personal en su libro “Vanishing Frontiers” (Fronteras que se diluyen)

Andrew Selee, presidente del Instituto de Políticas de Migración. Foto: Especial.
Andrew Selee, presidente del Instituto de Políticas de Migración. Foto: Especial.

 

 

Washington, D.C.-  Para Andrew Selee, la relación entre los Estados Unidos y México no sólo ha sido materia de estudio, sino realidad de vida.

 

Fue director del Instituto México en el prestigiado Centro Wilson y en 2017 asumió la presidencia del MPI como uno de los expertos más reconocidos en la materia migratoria. Ahí nos concede esta entrevista exclusiva.

 

Su libro documenta  y descubre la fuerza de las relaciones sociales, comerciales, culturales y personales que se han tejido en ambos lados de la frontera.

 

Verónica Ortiz (VO).- Empezaste tu libro hace diez años, pero hoy México y Estados Unidos son completamente distintos. ¿Cómo cambió la relación bilateral?

 

Andrew Selee (AS).- Completamente. Destaco dos aspectos. Primero, cuando yo empecé a escribir tenía la intuición de que había muchas conexiones desconocidas entre México y Estados Unidos y, sobre todo, mucha presencia de México en EU que no conocíamos de este lado de la frontera.

 

No era tan visible en ese momento la inversión mexicana en poblaciones norteamericanas, lo cual es un eje central en el libro. Ahora es una realidad. Hay temas que hace diez años eran un inicio y hoy están totalmente desarrolladas y, seguramente, en otros diez años lo estarán más.

El segundo aspecto es la reacción que generó esta interrelación en una parte de la sociedad norteamericana que se siente incómoda con esta intimidad con México. Eso explica el respaldo a Donald Trump y la idea de acabar con la migración mexicana, aunque ya no haya tal.

 

Entonces, por un lado, en diez años hay muchos más nexos, somos más interdependientes y al mismo tiempo hay una mayor reacción en contra.

 

VO.- Señalas que quizá no haya otra relación bilateral donde la distancia entre percepción y realidad sea tan grande. ¿Persiste la desconfianza y el desconocimiento?

 

AS.– Sí. Las circunstancias han cambiado completamente, pero la conciencia se quedó años atrás. Por ejemplo, los norteamericanos creen que hay mucha migración mexicana, mientras que los datos del Censo (2017) revelan lo contrario. No sólo bajó la migración indocumentada, sino que hay más mexicanos saliendo del país que ingresando por la vía legal. Es sorprendente el retorno de mexicanos, no sólo de deportados, sino de quienes optan por regresar.

 

Sin embargo, el debate sobre el muro para contener la migración mexicana funciona como herramienta política porque nuestros marcos conceptuales siguen muy atrás.

 

VO.- Efectivamente, los datos revelan que la migración mexicana en Estados Unidos ha decrecido consistentemente entre 2007 y 2017. Sigue siendo el grupo mayoritario, pero bajó de 31 a 25%.

 

AS.- La paradoja es que (a pesar del retorno de migrantes) hay una fuerte impronta de México en los Estados Unidos. Ya no es el flujo de personas cruzando la frontera, sino la presencia de los mexicanos en este país, incluida la comida, la música, las películas, una impronta más cultural.

 

VO.- Lo novedoso de tu libro es que explicas cómo se ha transformado la realidad en dos vertientes, una la de los norteamericanos yendo a México (que ya son millones) y otra la de la influencia o poder suave de la migración mexicana.

 

AS.- Ha sido una transformación total. El número de norteamericanos en México se acerca a los dos millones, incluidos los hijos de migrantes mexicanos que regresan, aquellos que vinieron empleados por una empresa o los retirados que pasan temporadas. Y luego tienes a los que ya viven en México. Muy interesante el caso de los que trabajan en Estados Unidos, pero no tienen que estar (físicamente) en su lugar de trabajo. Están haciendo teleworking, trabajo por computadora o por teléfono y les gusta vivir en México, porque viven mejor o más barato. Si ves los espacios compartidos de trabajo (co-work) en ciudades mexicanas, encuentras muchos norteamericanos, canadienses y europeos. Es impresionante eso y la penetración mexicana en Estados Unidos a través del cine, la música, la comida.

 

VO.- Hablas de las inversiones mexicanas en Estados Unidos.

 

AS.- Para mí fue un descubrimiento la cantidad de empresas mexicanas que están invirtiendo y creando empleo en Estados Unidos. La más grande es Bimbo, que produce en muchos puntos del país y genera una cuarta parte del pan que se consume aquí bajo marcas muy conocidas para los norteamericanos. Lo mismo sucede con Gruma, que empezó produciendo tortillas para la comunidad latina y hoy vende a todo el mercado estadounidense.

 

Otros ejemplos son Cemex, SSAMarin operador de puertos comerciales en el mundo, 49% mexicana. Arca Continental produce papas en la Costa Este y son las papas fritas oficiales de los Mets de NY y los Medias Rojas de Boston. Está la embotelladora Femsa, cervezas, telefonía celular como Telcel con tarjetas prepago.

 

La idea era llegar a un mercado latino y termina siendo exitoso para los jóvenes gringos.

Otro caso son las empresas de autopartes como Alfa, Vitro, Rassini, muy ligadas a la industria automotriz norteamericana y europea, cuyas matrices están en México pero que han abierto fábricas en poblaciones dentro de Estados Unidos para estar más cerca de los centros de ensamblaje de los autos.

 

VO.- Esto se contrapone al discurso de culpar al TLC por la pérdida de empleo. Quizá se perdieron unos, pero se crearon otros. Curioso porque dan empleo en estados que votaron por Trump.

 

AS.- Sí, están en Kentucky, Tennessee, Michigan, Ohio. La verdad es que la industria automotriz de Estados Unidos no habría sobrevivido sin México. Las importaciones de autos de Japón y Alemania nos habrían sacado del mercado. Por la integración con México y Canadá, Estados Unidos se vuelve competitivo y el sector automotriz se vuelve una industria de América del Norte.

 

VO.- Es lo que convierte al TLC en plataforma de producción compartida.

 

AS.- Exactamente y por ello es que, a pesar de Trump, el TLC todavía no muere. No se trata de vender cosas a México y Canadá, sino de producir bienes juntos. Por eso tantas industrias se rebelaron, tantos votantes agricultores, industriales porque no puedes deshacer esa integración sin hacer daño a la planta productiva de los tres países.

 

Una de las imágenes más interesantes fue visitar Mid-Continent, (propiedad de) la empresa mexicana De Acero que tiene la fábrica de clavos más grande de Norteamérica, en el sureste de Missouri. Es la integración del acero mexicano y la producción de clavos en Estados Unidos. Estuve con el gerente general que es mexicano y el subgerente también mexicano y todos los demás eran blancos y afroamericanos, casi no vi empleados latinos. Es la pirámide en reversa, el mejor ejemplo del cambio, donde los directivos son mexicanos y los trabajadores norteamericanos.

 

Esto muestra que el migrante mexicano ya no sólo es el pobre que cruza la frontera, la relación es mucho más compleja ahora en todos los sentidos.

 

VO.- Hay historias de éxito y partes oscuras de violencia y corrupción.

AS.- También es parte de la integración económica. La producción y tránsito de drogas en México y la compra de drogas, tránsito de dinero y armas en Estados Unidos. Es un negocio circular, igual que la industria automotriz. Esto es un negocio muy integrado, no sólo con Estados Unidos, está Colombia, Centroamérica, Canadá, China, Europa y partes de África. Hay un eje muy importante México-Estados Unidos, pero es un negocio mundial, integrado y facilitado de ambos lados de la frontera.

 

VO.- Hablando de la frontera ¿por qué no se ha podido replicar la integración de Tijuana y San Diego en otras ciudades fronterizas?

 

AS.- Tijuana y San Diego son las dos ciudades más fuertes de la frontera. El Paso y Juárez tienen más integración histórica, pero la violencia rompió la relación que existía y dejó una marca muy honda. Y luego el tamaño: San Diego es la séptima ciudad en Estados Unidos y Tijuana es la cuarta o quinta ciudad de México. Se volvió muy clasemediera. Hay mucha pobreza todavía, pero logró combatir la violencia y contener al crimen organizado. Tijuana y San Diego se integraron muy bien, ya que San Diego también competía contra San Francisco y Los Ángeles. Parte de la historia del aeropuerto binacional, de la integración económica y de la planeación conjunta es la competencia de San Diego dentro de California. San Francisco es el centro tecnológico de Estados Unidos, mientras que Los Ángeles es el centro portuario y la capital cultural de Estados Unidos. No era claro cuál era el destino de San Diego frente a las otras dos ciudades, pero uniéndose con Tijuana empezó a desarrollar una zona metropolitana que sí puede competir, sí tiene una cultura única y tiene un lugar diferente en el mapa mundial. No sé cómo se puede replicar en otro lugar.

 

VO.- Encontrar una vocación para la cual sirva la integración.

 

AS.- Exactamente, tener un propósito y los medios para llegar. Irónicamente San Diego tiene menos cercanía emocional con México que las otras ciudades fronterizas. Es una ciudad menos latina, menos migrante, es el bastión conservador de la costa californiana y sin embargo por razones pragmáticas y de anhelo de grandeza logró acercarse a México.

 

VO.- ¿Cómo ves el futuro de la relación bilateral con dos presidentes nacionalistas? ¿Vamos en sentido contrario de tu libro?

 

AS.- Creo que la integración entre Estados Unidos y México en su momento fue un proyecto de élites. Había consenso en un pequeño grupo de Demócratas y Republicanos en el gobierno a favor de la integración con México. Y en México igual. Todos los gobiernos del PRI y PAN apoyaron la idea de la integración con Estados Unidos. Creo que estamos ante el fin de ese consenso. Tenemos posiciones en los gobiernos de ambos países que son escépticos de esa integración. Pero al mismo tiempo la integración tiene una profundidad y un ancla mucho mayor fuera de las élites. Es la ironía; se acabó el proyecto político de integrar a ambos países. De hecho puede echarse para atrás en el discurso, en la colaboración día a día. Desde que llegó Trump lo empezamos a ver. Va a seguir con López Obrador probablemente más escepticismo, menos ideas creativas de colaboración. Pero ya la creatividad está fuera de Washington y la CDMX. Echó raíces y va a crecer más en el plano económico, cultural, en la frontera sin duda, en innovación. En el tema de seguridad no se va a abandonar, por el hecho de que los criminales tienen pies en los dos países. Son transnacionales y tienes que responder en forma transnacional, de nada sirve atacarlos de un lado o del otro, pero creo que va a haber menos creatividad para pensar no sólo cómo eliminar a los líderes, sino ir contra sus estructuras organizacionales y cómo construyes una base cívica que pueda resistir a ellos. Ese momento de pensar juntos quizá se acabó a nivel de gobiernos, o se redujo el espacio, pero se abrió a nivel de las dos sociedades. Trump puede ser un fenómeno corto o largo en este país, no sabemos. Es probable que los demócratas ganen la Cámara Baja y Trump éste más acotado.

 

 

No sé qué va a pasar en 2020, si se reelige o no. Pero Trump es un momento excepcional en Estados Unidos, largo o corto como dije, y creo que López Obrador va a ser muy pragmático con Estados Unidos. Es un hombre muy pragmático, más que Trump que ha resultado menos de lo que creímos muchos. Pensamos que iba a llegar y cambiar (el discurso) el muro por medidas de seguridad en la frontera, tecnología, pero no. El quiere un muro, aunque le enseñes tres gráficas de por qué es una idea loca, es necio. López Obrador es más pragmático, pero habrá que ver. Quizá me equivoque, pero tengo la sensación de que López Obrador sacará de Estados Unidos lo que necesita para su proyecto nacionalista. Al final de cuentas, yo argumento en el libro que Estados Unidos no puede vivir sin México, y es cierto al revés también.  Sabemos la asimetría de que México depende más de Estados Unidos. Lo que yo encuentro sorprendente y digo en mi libro es que Estados Unidos depende mucho de México, entonces pensar en salir de Nafta, hacer un muro no es tan fácil. Es una interdependencia.

 

VO.- Para terminar ¿Qué se puede esperar de las próximas elecciones legislativas en términos de legislación migratoria?

 

AS.- Estados Unidos necesita repensar sus leyes migratorias completas y no tenemos ese espacio de aquí a la elección presidencial del 2020. No espero cambios grandes, pero creo que sí es posible en el tema de los soñadores (DACA), los jóvenes que llegaron de niños aquí y algunos ya son adultos, llegar a un acuerdo mínimo que les permita quedarse, porque gozan de un apoyo mayoritario en este país y quizá a cambio de un poco de financiamiento para el muro de Trump será lo único que pueda hacerse.

 

Por Verónica Ortiz

[email protected]

VERÓNICA ORTIZ @VERONICAORTIZO

 

Entrevista con Andrew Selee, presidente del Instituto de Políticas de Migración (Migration Policy Institute)

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