Hacen suyo el Zócalo

Ciudadanos entran libremente a la plaza, se toman selfies con militares y lanzan agua bendita a policías

 Elementos castrenses convivieron con ciudadanos en el corazón del Centro Histórico. Foto: Manuel Durán
Elementos castrenses convivieron con ciudadanos en el corazón del Centro Histórico. Foto: Manuel Durán

Martín Macías Hernández viajó desde Zacatecas para vivir el primer Grito de Independencia de la 4T de México.

Se calzó un sombrero de palma con la leyenda: Viva México. La bandera tricolor le sirvió de capa y un rótulo a mano revelaba su postura ante el nuevo escenario político. Bien Señor Presidente. Muy bien. La 4ta Transformación va con todo contra la corrupción.

A diferencia de otros años, en 15 de septiembre, no hubo detectores de metales o la presencia del extinto Estado Mayor Presidencial, quienes, estoicos, revisaban y acotaban el tránsito de personas, con un riguroso protocolo de seguridad.

Tampoco los niños fueron cateados en las bocacalles del Zócalo para que sus padres pudieran introducir bebidas u objetos peligrosos.

Apenas hubo revisiones aleatorias a quienes cargaban grandes bultos; la gente pudo pasar con comida y agua y hasta pizzas.

Todavía de madrugada, la Secretaria de Gobierno, que encabeza Rosa Icela Rodríguez, junto con la policía, logró retirar a 250 comerciantes informales de la plaza.

Una persona, quien dijo ser el padre Sergio, lanzó agua bendita a los policías capitalinos, a quienes les tocó cuidar a los asistentes, junto con el Ejército y Guardia Nacional. Los soldados y altos mandos caminaron por la plaza libremente.

Antes, la gente no podía ni hablar con ellos, ahora eran foco de selfies, pláticas y hasta consejos.

Así le ocurrió a Martín, quien se acercó a su tocayo, el general de brigada diplomado del Estado Mayor, Martín Salvador Morfín Ruiz.

Martín le pidió escuchar un poema al General, pero que parecía más un consejo:

No seas como la cera que se deja moldear suavemente, tampoco seas como el ave impertinente que se deja encerrar en una jaula oscura; mejor sé como el cóndor que presto muere antes que perder altura, le recitó a su tocayo, quien aplaudió la idea.

Por Manuel Durán

edp

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