“Gasolina gratis”, fue la invitación

En redes sociales se difundieron mensajes para convocar a la gente a recuperar la gasolina que escapaba de una toma ilegal y que se convirtió en la tumba de decenas de personas

● Peritos, policías de Investigación, así como agentes del Ministerio Público comenzaron las pesquisas para determinar las causas del estallido. FOTOS: VÍCTOR GAHBLER Y REUTERS
● Peritos, policías de Investigación, así como agentes del Ministerio Público comenzaron las pesquisas para determinar las causas del estallido. FOTOS: VÍCTOR GAHBLER Y REUTERS

LAHUELILPAN. Recibió una llamada y salió corriendo, contó Julia Acosta sobre su esposo, Érick Flores, a quien no localiza desde la tarde del viernes. Este sábado acudió una vez más al predio acordonado, cuando Seguridad Física de Pemex hacía el sello de la toma clandestina.

No aparece en la lista de muertos; tampoco en la de quienes fueron ingresados a hospitales por quemaduras en 50 y hasta 90 por ciento del cuerpo, de acuerdo con personal médico.

Sólo la camioneta de Érick fue localizada en las inmediaciones del ducto, en la carretera Tlaxcoapan-Tlahuelilpan. Julia o sabe de quién fue la llamada.

Luis llegó al lugar horas después del incendio a buscar a tres amigos que cree estaban ahí cuando la gente comenzó a extraer gasolina. A uno lo ubicó en la noche: tiene el rostro desfigurado y no puede hablar; de los otros dos no sabe nada.

 

 

Afirmó que en Facebook publicaron: gasolina gratis y muchos (350, según los primeros informes) acudieron al llamado. En el municipio, dijo, operan grupos de huachicoleros, pero nunca habían convocado a la gente para acarrear combustible.

Tlahuelilpan es uno de los puntos donde la Secretaría de la Defensa Nacional identifica a un grupo de gasotraficantes que se dedica a la extracción y comercio ilícito de combustible.

Cuando militares, peritos y personal de Pemex levantaron los 63 cadáveres, la mañana del sábado, los habitantes que aún buscan a sus familiares formaron una valla e impidieron que se retiraran, hasta que se comprometieran a que no dejarían San Primitivo sin antes cavar y comprobarles que no había cuerpos sepultados.

Horas antes, tras extinguirse el fuego, ya en la madrugada del sábado, cerca del ducto que estalló había cuerpos calcinados. Los vestigios que dejaron las llamas sobre el pastizal mostraban osamentas unidas a cráneos y a extremidades óseas; lo demás se redujo a cenizas.

Decenas de familiares pasaron a esa hora el cerco militar e ingresaron al punto rojo, como Protección Civil identificó la zona de mayor riesgo, donde quienes no pudieron escapar terminaron quemados. Testigos afirman que cuando ocurrió la explosión, la gente gritaba: ¡Tírate al piso, al piso!, mientras los cuerpos daban pasos aún ardiendo.

El Ejército había contenido a los pobladores que buscaban familiares que no aparecían en listas de víctimas ni de heridos y llevaban horas implorando información, pero en ese instante, con la desesperación por no saber nada, la presión los obligó a permitir el acceso.

Vamos a entrar porque vamos a entrar, decían entre sollozos, tras horas de buscar. Ellos calculan 200 personas de las que no saben su paradero. Con una mano en la nariz, por el fuerte olor a gasolina, entraron al terreno que aún emanaba gases para alumbrar los restos, con el objeto de identificarlos. En la periferia aún había bidones y garrafas, al igual que trozos de ropa quemada.

Quienes aseguraron haber identificado entre los huesos a uno de los suyos, se quedaron a su lado a cuidarlo, entre llantos. Los gritos se escuchaban a varios metros.

Cuando arribaron los peritos de la Procuraduría, comenzaron a colocar números junto a los cadáveres. Ayer, las personas seguían apostadas cerca del ducto, a la espera de encontrar restos que les permitan reconocer a los suyos.

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