‘Hay casos cerca de mi casa’: María Guzmán, estudiante mexicana residente en China

“Me quedé en China porque los pasajes de avión están muy caros”, relata la originaria de Yucatán

EN ESPERA. La fecha de regreso a la universidad era el 17 de febrero, pero se aplazó. Ilustración: Heraldo de México

Hay casos de enfermos de coronavirus cerca de donde vivo. Una maestra de la universidad me avisó de otra persona infectada y me sugirió que no salga.

Soy María Fernanda Guzmán Cotaya, originaria de Yucatán, tengo 31 años.

Llegué a la ciudad de Hefei, provincia de Ahui, en septiembre de 2018 para estudiar el idioma chino mandarín en la Universidad de Anhui.

Estamos cerca de Wuhan, a tres horas en tren; a pesar de ello, nuestra ciudad es la quinta o sexta en número de infecciones por coronavirus.

Hay 147 casos confirmados hasta el domingo, cero muertes y 15 personas recuperadas. El caso confirmado está en el complejo habitacional frente a mi departamento.

Lo sé porque en WeChat, la aplicación que usamos para comunicarnos, se puede consultar un mapa que, con puntos rojos, ubica los lugares donde se han registrado casos.

Lo que no sé es si la información sea totalmente fidedigna, pero yo veo que alrededor sí ha habido casos de coronavirus.

En la universidad una profesora dijo que en otro conjunto de departamentos cerca de donde vivo, me preguntó si yo habitaba en esa zona y le dije que sí lo ubico, pero ahí no está mi casa.

En mi edificio no hay casos; sin embargo, se tomaron medidas preventivas: para acceder te toman la temperatura y llenas un registro con tu nombre, teléfono, número de departamento y hora de entrada.

No siento miedo porque sé que estoy siguiendo las indicaciones pertinentes, y la mayoría de los fallecimientos son de personas mayores que tenían otras enfermedades.

Pero es frustrante estar aquí encerrada, en mi vida nunca había pasado tanto tiempo en mi departamento, aunque es un mal necesario.

Trato de ocuparme, veo películas, cocino, hablo con mi familia. Tengo una mascota, un cuyo que se llamaba Mitens, pero ya entiende por el nombre de Gorda. Su compañía me ha ayudado, a veces platicamos, le preparo su comida, me grita cuando abro el refrigerador porque sabe que ahí está la lechuga.

Sólo salgo para hacer el súper, afortunadamente hay una tienda en la planta baja, así que tomo lo necesario y me regreso.

Por lo general, voy a las 12:00 o 12:30 de la tarde, la hora de la comida para los chinos y en la que hay poca gente, así me cuido también.

No salí de China porque no tengo recursos económicos para pagar un vuelo y muchos fueron cancelados. El costo de los pasajes de avión subió mucho y debido a que no cuento con visa americana, tengo que buscar una escala en Canadá, lo que incrementa más el precio.

Además, me siento más expuesta al virus al intentar transportarme en tren y en Metro para llegar al aeropuerto de Shanghái.

POR REDACCIÓN DE EL HERALDO DE MÉXICO

eadp

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