Elba Esther y el día en que resucitó

Luego de pasar cinco años tras la rejas, la exlideresa del SNTE ha vuelto con la intención de recuperar todo lo que perdió

La nueva indagatoria fue detectada por la defensa a través de un juicio de amparo. FOTO: CUARTOSCURO
En 1970 ingresó al Partido Revolucionario Institucional y a la actividad en el SNTE, con el apoyo de Carlos Jonguitud Barrios. FOTO: CUARTOSCURO

¡Abusados! –gritó el oficial al mando de los soldados y agentes agazapados en el Aeropuerto de Toluca–. ¡No se nos vaya a escapar!

La avioneta aterrizó y cuando se abrió la puerta, las cámaras filmaron el arresto de Elba Esther Gordillo, sentada a la mesa donde conversaba y jugaba cartas en los viajes. Llevaba puesto un suéter con un corazón de estrellas y la frase Love Struck.

El suéter le jugaba una broma macabra: La maestra que se había protegido el pecho con un golpe de amor, conocía por primera vez en 30 años el otro lado del poder: el poder destructor de un gobierno.

El boato que la rodeaba ese día de febrero de 2013 –la avioneta, los colaboradores, las joyas devorándole las manos, los bolsos de miles de dólares–, hablaba del poder que concentró por medio del sindicato, donde levantó un imperio que usó para negociar y construir alianzas, el de los Trabajadores de la Educación.

Carlos Salinas de Gortari le entregó el sindicato y Elba Esther lo ejerció los siguientes gobiernos priistas sin pretender igualar y menos desafiar al poder supremo, hasta que se enfrentó al presidente Enrique Peña Nieto por la Reforma Educativa y terminó en esa avioneta, acusada de robar fondos sindicales.

El empoderamiento real de la maestra sucedió en el foxismo, cuando las relaciones incestuosas mutaron en un maridaje entre el poder institucional y el sindical.

En la avioneta, la última llamarada de ese poder asomó en los labios de la maestra:

No tengo miedo. ¡Ay, pobrecitos estos muchachos, qué necesidad!, dijo con los ojos cubiertos por unas anteojeras para no ver más. Es terrible lo que puede pasar. No saben lo que han hecho.

Un lustro después, a los 75 años, Elba Esther está de regreso. En agosto pasado reapareció para proclamar su inocencia. La guerrera está de vuelta, dijo, mientras una porra coreaba su nombre.

Siete meses más tarde apareció en el anuncio de un partido creado por su yerno y su nieto, y más tarde volvió para llamar gata revolcada a la Reforma Educativa del presidente Andrés Manuel López Obrador y anunciar su intención de recuperar el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE).

Su regreso es un extraño milagro en la selva del sistema político: Jongitud, Díaz Serrano y La Quina nunca volvieron del cementerio de los elefantes viejos, en el régimen priísta.

Elba Esther Gordillo Morales ha resucitado.

¿Hasta dónde llegará el poder de la maestra en este nuevo régimen?

Por Wilbert Torre

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