Una semana de recuerdo y alerta al mundo

Las discusiones políticas sobre cómo resolver conflictos pendientes entre israelíes y palestinos son legítimas. Pero ninguna justifica el terrorismo

Así lo veo yo/ Opinión El Heraldo de México
Así lo veo yo/ Opinión El Heraldo de México

Hay quienes creen que cuando es cometido un atentado terrorista en Israel, es problema del Estado judío y probablemente también su culpa. Esta semana tan singular, de recuerdo, deja en claro que no. Que el terrorismo es una afrenta a la humanidad toda. Puede que los extremistas apunten a un blanco judío o israelí, pero el horror no conoce de fronteras ni identidades. Y eso queda especialmente claro esta semana, al conmemorarse el 25 aniversario del atentado terrorista contra AMIA, la sede de la mutual judía de Buenos Aires, cometido el 18 de julio de 1994. Y el 25 aniversario de la explosión en el vuelo 901 de la aerolínea panameña Alas Chiricanas, perpetrado al día siguiente, 19 de julio de 1994.

En Buenos Aires murieron 85 personas, muchos judíos, no todos. La víctima mortal más joven fue Sebastián Barreiros, un niño de 5 años, que iba con su mamá por la calle Pasteur en su primer día de vacaciones de julio. La explosión le arrancó el niño a la madre de su mano. No logró levantarlo. Gritó desesperada pidiendo ayuda. Llegó un hombre de un equipo de emergencia y lo llevó corriendo a una ambulancia. Esa fue la última vez que lo vio. Sebastián no era judío. Al igual que varios más de los asesinados.

Tampoco lo eran 8 de los 20 pasajeros y tripulantes del vuelo panameño que murieron apenas estalló el avión en el que viajaban.

En el caso de la AMIA, la concienzuda investigación del fiscal Alberto Nisman–él mismo asesinado años después– llegó a la contundente conclusión: el atentado fue promovido y organizado por Irán, cuyos brazos ejecutores en Argentina fueron los autores prácticos de lo concebido en Teherán.

Respecto a Alas Chiricanas, siempre se supo que no había sido un accidente. Pero recién el año pasado, al visitar oficialmente Israel, el entonces presidente Juan Carlos Varela y su anfitrión el primer ministro Benjamin Netanyahu dijeron categóricamente: fue un atentado terrorista, obra de Hezbolá.

Cada atentado será explicado por sus autores –cuando deciden reivindicarlo– con todo tipo de argumentos políticos e ideológicos. Claro que jamás dirán que los mueve un odio asesino e irracional. Es el mismo odio por el que extremistas de ISIS degollaron tantos cristianos y musulmanes que no aceptaban su interpretación demente del Islam.

Es la misma irracionalidad por la que uno de los más conocidos miembros de Hamas en Gaza, el exministro del Interior en gobierno de Hamas, Fathi Hamad, declaró en una alocución pública en Gaza que los palestinos en todo el mundo deben salir a matar judíos.

Las discusiones políticas sobre cómo resolver conflictos pendientes, como por ejemplo entre israelíes y palestinos, son legítimas. Pero ninguna puede justificar el terrorismo.

El terrorismo es una afrenta a la humanidad toda. No conoce fronteras de credo o fe. La bomba no pregunta en qué cree cada uno.

En Argentina y Panamá lo tienen clarísimo los que perdieron seres queridos en medio del horror. En Israel lo saben hace décadas.

Lo debe comprender el mundo entero.

POR JANA BERIS 
*Periodista

¿Te gustó este contenido?