Podría haber pena de muerte para chofer de camión con inmigrantes en Texas

El conductor del camión en el que murieron diez inmigrantes por permanecer encerrados fue acusado por las muertes y podría ser condenado a muerte.

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El camionero, identificado como James Bradley, de 60 años y natural de Clearwater (Florida), dijo a la policía desconocer que en su camión hubiera inmigrantes hasta que, alertado por los golpes, abrió el remolque y decenas de inmigrantes comenzaron a salir de él.

El suceso tuvo lugar en la madrugada del domingo en el estacionamiento de unos almacenes Wal-Mart de San Antonio, poco después de la medianoche, cuando vehículos policiales, ambulancias y autos de bomberos acudieron alertados de la tragedia.

Según el fiscal federal para el Oeste de Texas, Richard L. Durbin, Bradley, quien hoy compareció ante el juez, es acusado de transporte ilegal de inmigrantes con resultados de muerte, por lo que, de ser declarado culpable, se enfrenta a cadena perpetua o incluso hasta la pena capital y una fianza de 250.000 dólares.

Las autoridades confirmaron hoy que el número de víctimas aumentó a diez, tras fallecer la pasada madrugada otro inmigrante que permanecía en situación grave en un hospital.

Se desconoce con precisión cuántas personas iban en el remolque del camión, ya que algunos de los inmigrantes declararon que eran entre 70 y 180 a 200 personas, pero en el lugar las autoridades sólo encontraron a algo más de 40 personas, ocho de ellas muertas.

De los inmigrantes, entre los que había dos niños, 29 tuvieron que ser hospitalizados por la falta de oxígeno y la deshidratación, de ellas 17 en estado crítico.

Los bomberos y la Policía de San Antonio respondieron a una escena horrorosa. Descubrieron una operación de tráfico humano que salió terriblemente mal, aseguró Durbin.

El conductor declaró que cubría el trayecto entre Schaller (Iowa) y Brownsville (Texas), lo que contradice las declaraciones de algunos de los ocupantes del camión, que dijeron que habían sido recogidos en la localidad de Laredo y otros lugares en los que habían sido escondidos por los coyotes tras haber cruzado irregularmente la frontera entre México y Estados Unidos.

Según Bradley, quien tiene un largo historial policíaco que se remonta a 1997, se percató de la presencia de personas en el remolque cuando salió del vehículo para ir al baño y escuchó golpes en el interior, y precisó que intentó prestarles ayuda.

La Fiscalía no ha aclarado quién hizo la primera llamada de alerta de la tragedia, ya que el conductor testificó que llamó a su esposa, pero no al 911, el teléfono de emergencia de la Policía.

Según el director interino de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), Thomas Homan, este horrendo crimen sirve de recordatorio del motivo por el que las redes de tráfico humano deben ser perseguidas, atrapadas y castigadas.

Para aumentar sus ganancias, estos traficantes pusieron a más de cien personas en un remolque, bajo el fuerte calor del verano de Texas, dejando diez muertos y 29 hospitalizados, precisó Homan.

El jefe de bomberos de San Antonio, Charles Hood afirmó que el aire acondicionado del vehículo no funcionaba y no había agua, condiciones que sumadas a las altas temperaturas de ese día, una máxima de 38 grados Celsius, agravaron la situación de las decenas de personas que iban dentro del remolque.

Según los investigadores, Bradley admitió que sabía que el sistema de refrigeración no funcionaba y que los cuatro orificios de ventilación probablemente también estaban obstruidos.

Las víctimas estaban muy calientes al tacto. No había indicios de que tuvieran agua en el remolque, aseguró Hood.

La cónsul de México en San Antonio, Reyna Torres, confirmó que entre los fallecidos hay mexicanos, mientras que la Cancillería de Guatemala dijo que han identificado a una de la víctimas como el guatemalteco Frank Guisseppe Fuentes Gonzales, de 20 años.

Por EFE

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