Pemex-CFE, botín del ciclo neoliberal

La nueva embestida de AMLO se inscribe en la estrategia de acreditar complicidades

Alvaro_Delgado
Alvaro Delgado / Historia de lo inmediato / Heraldo de México

El 2 de diciembre de 1993, ante empresarios japoneses, José Ángel Gurría, entonces director de Bancomext y actual secretario general de la OCDE, anticipó que el modelo neoliberal en México duraría otros 24 años, exactamente hasta el 2018. En esa reunión, aseguró que el priista Luis Donaldo Colosio sería presidente de México como parte de la continuidad económica de largo plazo que inició Miguel de la Madrid, en 1982, porque los sucesores de Carlos Salinas saldrían de su gabinete:

Me permitiría aventurar que del equipo económico del presidente Colosio, que por supuesto serán los nombres de estos ministros que hoy tenemos en otras posiciones o que se están agregando a su campaña, (…) saldrá el Presidente del año 2000 y que tendrá también la misma visión, la misma dirección y la misma filosofía. Y podemos hoy anticipar 24 años de continuidad en la política económica.

Gurría erró en Colosio, sustituido tras su asesinato por Ernesto Zedillo, y en que el presidente en 2000 saldría del gabinete de Salinas, porque llegó Vicente Fox, pero fue certero en los 24 años de idéntico modelo económico que se cumplieron en 2018.

Este aserto de Gurría, llamado el Ángel de la dependencia por su proclividad a los intereses extranjeros, coincide con el fin del ciclo neoliberal en México, expresado en la simbiosis poder económico-poder político que López Obrador se ha propuesto separar.

La nueva embestida de López Obrador contra los altos funcionarios contratados por empresas beneficiadas con contratos lesivos para la CFE se inscribe en la estrategia de acreditar las complicidades oficiales en el saqueo a Pemex, las dos empresas del sector energético desmanteladas en el ciclo neoliberal. Y es fácil verificar que muchos exfuncionarios contratados por trasnacionales no lo fueron por sus conocimientos -ni idea tenían antes de estar en el gobierno-, sino por beneficiarlas. Ejemplos: Felipe Calderón y dos de sus incondicionales, Georgina Kessel y Jordy Herrera, empleados de la española Hiberdrola. Herrera, quien de secretario particular de Calderón ascendió a ministro de Energía -como Kessel-, favoreció también a la corrupta Odebrecht y de negocios análogos se sabe de la dupla calderonista Gerardo Ruiz Mateos-Carlos Treviño. Pedro Joaquín Coldwell y Enrique Ochoa, expresidentes del PRI, son los artífices de los contratos leoninos que obligan a la CFE a pagarle millonadas a las empresas propietarias de gasoductos, que a su vez también emplean a exfuncionarios.

El plan de López Obrador de separar el poder político del poder económico, que inició con la cancelación del NAIM, sigue con otro sector clave de los intereses nacionales y trasnacionales: La minería. Sólo Fox y Calderón concesionaron más de 32 millones de hectáreas, la sexta parte del territorio nacional.

Se prevé que los privilegios para las mineras serán revisados como parte de la Cuarta transformación que pretende inaugurar un ciclo que sustituya al neoliberal, cuya duración y consecuencias son una incógnita.

 

@alvaro_delgado

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