Papa Francisco bendice a quienes ayudarán en la reconstrucción de Notre Dame

El Sumo Pontífice pidió en Audiencia General que, en momentos de desolación, no se opte por la soledad

Desde la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco relató la Pasión de Cristo. Foto: Pablo Esparza
Desde la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco relató la Pasión de Cristo. Foto: Pablo Esparza

Ciudad del Vaticano. El Papa Francisco envió un mensaje al pueblo francés la mañana de este miércoles durante la Audiencia General realizada en la Plaza de San Pedro, aprovecho esta oportunidad para expresar a la comunidad diocesana de París, a todos los parisinos y a todo el pueblo francés mi gran afecto y mi cercanía después del incendio de la Catedral de Notre Dame, dijo.

Queridos hermanos y hermanas, me quedé ‘adolorado’ y me siento muy cerca de todos ustedes. A quienes se han prodigado, incluso arriesgándose personalmente para salvar la Basílica está dirigida la gratitud de toda la Iglesia. Que la Virgen María los bendiga y apoye el trabajo de reconstrucción: que pueda ser una obra coral, para alabanza y gloria de Dios.

El tema de su catequesis, las palabras que Jesús reza durante su pasión al Padre.

«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo» (Jn 17,1), la gloria significa la revelación de Dios como signo de su presencia salvadora entre los hombres. En la cruz, Jesús manifiesta su gloria porque es allí donde está realizando de forma definitiva la salvación de los hombres. La verdadera gloria es la del amor. En la Pascua comprobamos cómo el Padre glorifica al Hijo, mientras el Hijo glorifica al Padre. Ninguno se glorifica a sí mismo, sino al otro, relató el Sumo Pontífice.

 

 

Otra parte que mencionó durante la Audiencia, es cuando Jesús se encuentra en el huerto de Getsemaní, en la noche oscura; la cual relata que cuando experimentó en el huerto la angustia y la soledad ante su Pasión, se dirigió a Dios llamándolo papá.

Nos enseña a tratar a Dios como un padre, porque en Él se encuentra la fuerza para seguir adelante en el dolor. En la desolación, Jesús no está solo porque está con el Padre. En cambio, nosotros, cuando nos encontramos en situaciones difíciles preferimos muchas veces la soledad, antes que decir ‘Padre’ y confiar en Él'.

Y la última vez que se dirige al Padre, es ya en la cruz, cuando dice -Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen-. Él reza por los que lo están crucificando. Era el momento más agudo del dolor, pero es allí donde se llega al cúlmen del amor, en el perdón, que rompe el círculo del mal. Jesús reza por nosotros al Padre, para que nos envuelva con su misericordia, que trasforma y sana el corazón.

 

Por Pablo Esparza

 

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