Muralla, maravilla en reparación

Varios tramos de esa fortificación que sirvió de protección del Imperio Medio requieren ser rehabilitados. Se realizan trabajos de restauración, pero piedra por piedra

RETO. La sección Simatai y Jingshanling de la
Gran Muralla China requieren ser restauradas. Foto: Lizeth Gómez de Anda.
RETO. La sección Simatai y Jingshanling de la Gran Muralla China requieren ser restauradas. Foto: Lizeth Gómez de Anda.

En medio de la densa vegetación en las montañas alrededor de Beijing se erige una de las proezas arquitectónicas más colosales del planeta: la Gran Muralla China, de la cual algunos tramos están en proceso de restauración.

La titánica tarea para realizar los 20 mil kilómetros de fortificación que sirvió para proteger la frontera norte del Imperio Medio, inició con la dinastía Qi (221 a 206 a.C) –que realizó los primeros mil kilómetros–, pero tuvo su reconstrucción y ampliación en la Era Ming (1368-1644).

La serpiente de piedra se extiende a lo largo de 11 provincias, pero apenas una cuarta parte de la estructura, cinco mil kilómetros, está bien conservada. En la capital china mide unos 600 kilómetros.

En su época, el presidente Mao Zedong dijo que quien aspirara a ser un héroe, tenía que subir la Gran Muralla, en referencia a la fuerza y determinación necesarias para conquistarla.

La construcción es un milagro, pero también fue una gran tumba para quienes participaron en la obra, señala Fan, un guía y traductor.

El joven recuerda una historia de amor trágica es torno a la muralla. Meng Jiangnü, hija del emperador, y Fan Xiliang, su enamorado, se separaron el día de su matrimonio luego de que el monarca lo enviara a trabajar como obrero en la fortaleza; luego de un tiempo la joven va a buscarlo y descubre que murió y su cuerpo yace en la base de la kilométrica escultura.

Una de las secciones más famosas es la de Badaling, en el distrito de Yanqing, a unos 60 kilómetros del centro de la capital, que fue la primera restaurada para ser una atracción turística, en 1957.

En total, la muralla recibe anualmente unos 10 millones de visitantes, principalmente en la sección antes mencionada, además de las de Mutianyu o Juyongguan.

También existe una zona entre Simatai y Jinshanling que aún no ha sido abierta a los turistas. Los escalones, a diferencia de otras secciones, evidencian el paso del tiempo, desgajados y rotos, con hierba crecida entre las piedras, por lo cual subir es aún más complicado.

En lo alto de las escaleras hay una torre y después vegetación, hasta llegar a unas ruinas en el pico de la montaña.

Desde enero de este año, el Ministerio de Cultura y Turismo publicó un nuevo plan de conservación de una de las siete maravillas del mundo moderno, en el que se establece la restauración de partes dañadas, pero en lo mínimo necesario.

Esto después de que en 2016 unas reparaciones apresuradas en una zona de 700 años de antigüedad, terminara con una cobertura de cemento grueso en una de las cumbres, lo cual provocó el rechazo de los turistas y quejas en redes sociales.

En Jiankou, zona rural de Beijing, se realizan trabajos de recuperación con obreros que colocan piedra por piedra los fragmentos que se han desprendido de la construcción.

Los trabajos buscan palear las huellas que deja el tiempo, el abandono, los fenómenos meteorológicos y la visita de millones de personas que quiere ver el prodigio arquitectónico construido hace más de dos mil años.

En abril Shu Xiaofeng, director de la Administración del Patrimonio Cultural de Beijing, dijo que la reparación sólo renovará los muros que están en riesgo de colapso o que pongan en peligro a quienes circulen por allí y aseguró que la apariencia de los muros no cambiará.

POR LIZETH GÓMEZ DE ANDA

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