Moscú y Venezuela acuerdan planta de rifle de asalto

Caracas y Moscú acordaron concretar la apertura, en 2018, de una planta de esa arma en el país sudamericano, un plan que inició Chávez y que posiciona a Rusia en el continente

AFP.
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A finales de 2017, Venezuela y Rusia firmaron un acuerdo para que este año se concrete en el país sudamericano la apertura de la primera planta del rifle de asalto Kaláshnikov –el más utilizado en el mundo–, un anunció que dará más fuerza a la presencia rusa en América Latina y en medio de una crisis de desabasto en el país sudamericano.

En realidad, el acuerdo entre Moscú y Caracas se comenzó a gestar en 2006, con el entonces presidente Hugo Chávez, quien falleció en 2013, pero que, durante su gestión fomentó una buena relación con Rusia, incluso realizando ejercicios militares conjuntos y compra de armas.

La periodista e investigadora venezolana, Maibort Petit, dijo a El Heraldo de México, que Venezuela compró en esa época 100 mil rifles de asalto AK-103 de fabricación rusa y una licencia de Moscú para fabricar los Kaláshnikov usando como argumento la necesidad que tenía su gobierno para defenderse del ‘imperio más poderoso de la historia’: Estados Unidos.

Chávez anunció, en varias oportunidades, el proyecto de fabricación de Kaláshnikov Ak101 hasta el 105, los cuales estarían adaptados a cartuchos de diversos calibres de acuerdo a los estándares de Rusia y la OTAN, pero nunca se concretó.

No obstante, luego de más de una década de vigencia de los convenios y gracias a testimonios de involucrados que hoy en día forman parte de la resistencia, las verdaderas intenciones eran proporcionar armas a los aliados extranjeros como Bolivia y Cuba, al tiempo que forjaran una alianza militar hemisférica contra EU, dijo la periodista.

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Pasaron 11 años y la fábrica no se abrió a pesar de que el proyecto contaba con un presupuesto inicial. Ahora el régimen de Nicolás Ma- duro decidió retomar el plan y lo anunció para 2018. Los argumentos siguen siendo los mismos, defenderse del imperio estadounidense, armar a los aliados y (entre nos) un mecanismo más de propaganda del régimen, resaltó Petit.

ANUNCIO BOMBA

El vicepresidente del Área Económica de Venezuela, Wilmar Castro Soteldo, informó, el pasado 24 de noviembre, que en este año Ve- nezuela abrirá la primera fábrica de producción de Kaláshnikov, tras una reunión que sostuvo la comisión intergubernamental ruso-venezolana.

La información de Wilmar Castro, sobre la construcción de una planta para la producción Kalás- hnikov, vino acompañada por el anuncio de que ese país compró 100 mil nuevos fusiles rusos, según el diario venezolano El Nacional.

Por su parte, el viceprimer ministro ruso, Dmitri Rogozin, confirmó que Moscú y Caracas habían alcanzado un lenguaje común prácticamente en todo los contenciosos, sea en materia comercial o técnico-militar.

De acuerdo con el diario español ABC, la fábrica para la producción del Kaláshnikov ya comenzó a construirse en Maracay, pero varios motivos aplazaron su apertura: la crisis económica de Venezuela, por la caída del precio del petróleo; a lo que se sumó la corrupción en una de las empresas que trabajaban con la adjudicataria del contrato, Rosoboronexport.

En febrero de 2017, el ex senador ruso, Serguei Popelniujov, fue condenado a siete años de cárcel por malversación de más de mil millones de rublos (17.4 millones de dólares), pagados por Venezuela y destinados a la producción de fusiles de asalto y municiones.

Esto provocó el retraso en el pago de los salarios, y en los plazos de conclusión de la obra.

Rusia ha perdido mucho dinero en Venezuela, pero a la vez ha logrado espacios de acción, penetración en un territorio que antes no le pertenecía. Comercialmente se quedó con los mejores negocios de la Faja (Orinoco), colocó sus productos, pero heredó una deuda que luce por ahora impagable. El interés que prevalece es geopolítico y aunque las circunstancias digan lo contrario, a futuro el objetivo sigue siendo el comercial, destacó Maibort Petit.

La investigadora considera que Rusia por ahora no creo que vaya a poner más dinero porque no ha podido recuperar lo que ya invirtió y el anuncio de Wilmar Castro junto a la comisión ruso-venezolana, creo que quedará en suspenso hasta que no se produzcan las elecciones de marzo 2018. La única manera que se concrete el proyecto es que Rusia lo pague.

Se le pregunta a la investigadora: si Venezuela podría ser la puerta de entrada de Rusia hacia Latinoamérica y ella dice que podríamos hablar en presente y no en futuro, pues el apoyo de Chávez y luego de Maduro a Moscú permitió que Venezuela le abriera las puertas a Rusia y le ayudara a concretar acuerdos con la red de países aliados, lo que arrojó un incremento en las ventas de armamento ruso en la región, finalizó.

UN ARMA PREFERIDA

Kaláshnikov, arma conocida en México como Cuerno de Chivo, su facilidad de uso en la selva o el desierto la hicieron ideal para los insurgentes en países apoyados por la Unión Soviética, y Moscú no sólo lo distribuyó ampliamente, sino que otorgó licencias para su fabricación a unos 31 países.

No es un fusil especialmente preciso, pero su resistencia y facilidad de uso son ejemplares: puede emplearse en la arena o la lluvia, mientras que armas más sofistica- das como el M16 estadunidense se atascan en esas condiciones.

La figuración de esta arma se ha dejado sentir en eventos lamentables para la humanidad como los atentados de París en 2015.

En una ocasión, Mijail Kaláshnikov, el inventor del rifle ruso, contó que durante la guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses abandonaban sus fusiles M16 para tomar los AK-47 y las balas que los vietnamitas muertos dejaban.

El diario digital El Confidencial destacó en un reportaje que el AK- 47 es un arma de tal simplicidad que un niño puede ensamblarla sin inconvenientes y, por ello, es la que se entrega a los niños-soldados que recluta la insurgencia y los grupos guerrilleros y terroristas, dijo en una entrevista Kaláshnikov.

 

Por Israel López

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