El mundo no confía en Donald Trump, sus socios buscan nuevas alianzas

Una de las primeras acciones de Donald Trump, fue abandonar el Acuerdo Comercial y de Prosperidad del Paciífico (TPP) promovido por Barack Obama

El mundo no confía en Donald Trump, sus socios buscan nuevas alianzas
El mundo no confía en Donald Trump, sus socios buscan nuevas alianzas. Foto: AFP

Una de las primeras acciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue abandonar el Acuerdo Comercial y de Prosperidad del Paciífico (TPP) promovido por su predecesor, Barack Obama.

Pero al igual que sus ataques a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus críticas al libre comercio en general, el principal efecto fue generar desconfianza en el liderazgo internacional estadounidense y en consecuencia un alejamiento que según sus críticos ayuda a sus adversarios y sus competidores.

Para John McLaughlin, ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Trump no se da cuenta de que el liderazgo estadounidense depende en 80% de la credibilidad en la palabra del Presidente.

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En el momento actual, dijo a la revista NewYorker, nuestro liderazgo mundial se nos escapa, se nos va de entre las manos.

El TPP es un ejemplo inmediato. Si Trump pensó que los otros países se iban a conformar, ocurrió lo contrario: abrió las puertas a por lo menos 27 negociaciones para tratados de libre comercio entre países de la región, con China y con la Unión Europea.

Pero el problema tiene otras aristas. Una nueva propuesta de declaración de principios o de misión por el Departamento de Estado augura lo que algunos expertos consultados por The Washington Post consideran como un posible cambio de dirección que pasaría de la promoción de la democracia y los derechos humanos en todas partes a un enfoque más estrecho de lo que es bueno para EU.

Ese cambio puede estar de acuerdo con las propuestas adelantadas por Trump durante su campaña electoral, que hizo énfasis en una visión nacionalista
definida como Hacer grande de nuevo a Estados Unidos.

Pero seis meses después de haber llegado al poder, a 200 días del cambio de gobierno, esa visión está por ser concretada y concertada.

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Peor todavía, algunos creen que en su lugar ha habido una secuencia de errores en la que el gobierno Trump ha buscado más ligarse con antiguos enemigos que mantener alianzas tradicionales.

En opinión de la revista Foreign Policy, algunos comentaristas afirman que Trump quiere dejar de lado todo el orden posterior a la Guerra Fría. Para otros, está repudiando todo lo que Estados Unidos ha tratado de lograr desde 1945.

Otros dicen que representa una ruptura con todo lo que hemos representado desde 1776 (o tal vez incluso desde 1630, cuando John Winthrop llamó a la Colonia de la Bahía de Massachusetts una ciudad sobre una colina).

En 1947, el entonces presidente Harry S. Truman se dirigió al Congreso de EU y entre otras cosas les propuso invertir en asistencia y apoyo a instituciones internacionales como forma de enfrentar la entonces naciente Guerra Fría y su competencia ideológica con el comunismo.

Para sorpresa de muchos, el Congreso aceptó. La llamada Doctrina Truman, que entre otras cosas fue el marco para el Plan Marshall que auspicia el desarrollo económico de Europa occidental y apoyó o creó instituciones como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y la OTAN.

Ahí emergió, en otras palabras, un mundo donde Estados Unidos eran el núcleo. Pero ya para la última década del siglo XX esa doctrina era añeja. La caída del telón de acero y la disolución de la Unión Soviética en 1989 y 1991 dejaron a Estados Unidos como el hegemón indiscutible y la nación indispensable, pero sin un propósito, sin un enemigo.

Trump tiene una penosa ignorancia del mundo actual, de la historia, del compromiso estadounidense anterior, de lo que los ex presidentes pensaban y hacían, dijo recientemente Geoffrey Kemp, un prominente experto republicano que trabajó en el Pentágono durante la Administración Ford y en el Consejo Nacional de Seguridad durante el gobierno de Reagan.

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La ferocidad de la crítica es realzada por sus credenciales. Y no es el único. A derecha e izquierda hay dudas sobre la política exterior estadounidense. El Departamento de Estado aparece ahora como falto de guía, carente de inspiración y aún confundido respecto a su misión en el mundo.

El gobierno de Trump ve la promoción de los derechos humanos como un problema, como algo que nos lleva al negocio de construir la nación, que no les gusta, y otras iniciativas como las guerras en Irak y Afganistán, comentó Nicolás Rostow, de la Universidad de Colgate y ex asesor jurídico del Consejo de Seguridad Nacional. Stephan Sestanovich, en la revista The Atlantic, es menos cauteloso: desde que tomó posesión (Trump) ha cometido un error tras otro.

Algunos, con todo, piensan en realidad que hay una brillante incoherencia en el gobierno Trump.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

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