Control de armas, también son nuestras vidas

Control de armas, también son nuestras vidas

Emma González respiraba agitada desde el podio de la Marcha por Nuestras Vidas, en Washington. En su mejilla corría una lágrima. Esperaba, en silencio, los seis minutos y 20 segundos que tomó a Nikolas Cruz asesinar a 17 personas en su escuela en Parkland, Florida.

 

Con su silencio, enviaba un poderoso mensaje en favor de un mayor control de armas en Estados Unidos.

Mientras tanto, en México, la prensa reportaba este fin de semana el asesinato de 28 seres humanos en Guanajuato, nueve en Michoacán, cinco en Chihuahua, algunos (la nota no especifica cuántos) en Mazatlán. La noche del domingo, la prensa local reportó el asesinato de una familia en Tamaulipas.

¿Cuántas de estas muertes en México se habrían evitado con un mayor control de armas en Estados Unidos?

 

¿Cuántas de los cientos de miles que han ocurrido en México sucedieron con armas fabricadas en Estados Unidos? Las estadísticas oficiales del gobierno estadounidense indican que son cifras cercanas al 90 por ciento.

¿Cuánto sabe de esto el gobierno estadounidense? Muchísimo, porque en la última década México ha entregado a sus vecinos reportes periódicos de cuáles armas decomisa, con números de serie, marca y modelo.

 

Sus propias instituciones de seguridad instaladas en México han recibido reportes diarios de los movimientos de estas armas, a través de varios centros de inteligencia con agencias de ambos países, que funcionaron mayormente durante el gobierno de Felipe Calderón.

 

Durante los años en que ese país ha entregado dinero a México para el combate al narcotráfico, los canales de tráfico de armas en lugar de extinguirse, se han solidificado. Ambas naciones lo saben, de ahí que este lunes en una reunión bilateral lanzaron el emblema menos drogas y menos armas.

-Es más fácil comprar un arma en Estados Unidos con una credencial de elector que con una identificación de allá -me contó hace unos meses un exembajador mexicano en Washington.

Pasarla a México no resulta menos difícil. Intente ingresar a Estados Unidos por tierra y verá que lo revisan, indagan su equipaje. Intente hacerlo de regreso. Pasará las armas como quien pasa un bocadillo. Esto lo cuentan sin empacho los polleros, quienes van con droga y vuelven con armas todos los días.

En junio de 2017, dos mexicanos fueron condenados en Texas por contrabando de al menos 14 armas a México. Otros casos similares están pendientes en la justicia de Estados Unidos, pero representan un mínimo porcentaje del problema real.
– Luchen por sus vidas antes de que sea el trabajo de alguien más -dijo González antes de abandonar el estrado en Washington.

 

¿Cuándo veremos estas marchas en México? ¿Alguien aquí es consciente de que se trata, también, de una lucha por nuestras vidas?

 

Por Peniley Ramírez

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