Historia: El cirujano que ayuda a mujeres atacadas con ácido en Colombia

Desde finales de 2010, este médico cirujano ha visto hasta 24 mujeres en consulta y reconstruido a 15, sumando casi 300 procedimientos quirúrgicos.

FOTOS AFP
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Alan González conoció el horror de las mujeres víctimas de ataques con ácido en Colombia casi por casualidad, sin pensar que para muchas se convertiría en el ángel que les devuelve la sonrisa.

El reconocido cirujano plástico colombiano destina parte de sus ingresos de la práctica profesional privada a reconstruir gratuitamente los rostros de mujeres agredidas con químicos.

Según las autoridades, Colombia es uno de los países más afectados del mundo por estos ataques.

Desde su prístino consultorio en una acomodada zona de Bogotá, el cirujano de 46 años, formado en la colombiana Universidad Nacional y especializado en Cuba, asegura que ni siquiera sabía que esto ocurría en su país, donde este crimen deja unas 100 víctimas al año, según cifras oficiales.

Había visto que pasaba en Pakistán, pero no aquí, afirma, atribuyendo a la ignorancia y a la intolerancia esta forma de violencia contra la mujer, generalmente perpetrada por exparejas.

Colombia tiene registros de estos ataques desde mediados de los años 1990, pero el pico máximo, según González, se dio entre 2014 y 2015, antes de una ley promulgada en 2016 que tipifica este delito y aumenta los controles a los químicos.

Desde finales de 2010 este médico ha visto 24 mujeres en consulta y reconstruido a 15, sumando casi 300 procedimientos quirúrgicos.

Convencido de que la cirugía plástica no es la cirugía de la vanidad, sino de la vida, González operó a soldados y policías heridos por el conflicto armado antes de atender a mujeres atacadas con ácido, quienes, subraya, están marcadas por la desesperanza y las ideas suicidas.

El reto es devolverles sus sueños e ilusiones, y sobre todo sus sonrisas. No solo reconstruimos caras: reconstruimos vidas, dice el cirujano.

González destaca que a la barbarie del ataque con ácido se suma la cruda realidad de las víctimas: 99% son de estratos socioeconómicos bajos y con necesidades de vivienda, educación, trabajo insatisfechas.

 

POR NO VOLTEAR, LA ATACARON EN UNA CONSTRUCCIÓN

Ángeles Borda está nerviosa cuando entra al quirófano para la novena intervención que busca recomponer su rostro desfigurado. La acompaña Gina Potes, la primera víctima de ácido registrada en Colombia y pilar de Reconstruyendo Rostros, la fundación que creó impulsada por González.

Ángeles tiene 32 años y hace 10 que convive con las cicatrices del fatídico 7 de febrero de 2007, cuando al pasar frente a una obra en construcción, le tiraron ácido nítrico en la cara por no voltear a mirar cuando la llamaron.

Sé que en unos mesesitos me voy a ver mejor, afirma, una semana más tarde.

Esta madre de tres hijos, vendedora de dulces en los autobuses de Bogotá, se considera una sobreviviente cuyo rostro se ilumina con su admirable entusiasmo, en contraste con su dura realidad.

Tenía dos opciones: quedarme llorando o salir al mundo a mostrarme como soy. (…) Lo que me ocurrió es muy triste, pero se puede vivir con estas secuelas, enfatiza.

Para Ángeles, lo más difícil es percibir la lástima de los demás, palpar su discriminación velada, tener que resignarse a la falta de oportunidades.

Su voz alegre sólo se quiebra cuando habla de la revictimización que sufren por una sociedad que no las integra. Me siento bien cuando me dicen: ‘Guau, la admiro'.

 

LE QUITARON LA VISTA, PERO NO LA ESPERANZA

Como Ángeles, Luz Nidia Mendoza y Silvia Julio Jiménez, también pacientes de González, confiesan que si no fuera por sus hijos ya se habrían quitado la vida.

Me hicieron caer en cuenta de que ellos existían y es por ellos que estoy acá, dice Luz, que lleva 25 cirugías y faltan más para rehacerle mejillas, frente, boca, nariz. A sus 37 años, no trabaja luego del ataque que sufrió en Medellín en 2011.

Lo peor para ella, sin embargo, es no haber visto crecer a sus hijos.

Los escucho, los siento, los toco, mas no les veo, asegura, sin perder la esperanza de recuperar algo de visión tras un trasplante de córnea.

Silvia, una costeña de 29 años, desempleada y madre soltera de cuatro hijos, también espera un trasplante.

Deben volver a operarle el cuello, donde ha recibido sesiones de depilación por el vello que le creció de la piel de la pierna que le injertaron.

INFORMACIÓN E IMÁGENES AFP

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