China da batalla a Trump

Los tentáculos del país asiático se han extendido a Latinoamérica; mientras, EU pierde influencia

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China parece embarcada en una audaz campaña por ser y hacerse sentir como una potencia económica mundial, la cual compite ahora con Estados Unidos en América Latina, su zona tradicional de influencia.

Rusia entra en la competencia con mucho menos recursos, pero con una presencia virtual que ha llevado a denuncias estadounidenses y acusaciones de interferencia político-electoral, mediante una eficiente operación de internet y la televisión.

En las últimas semanas y en un tono que recuerda a la Guerra Fría, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, ha denunciado la presencia rusa y china en el hemisferio, como adversas a la democracia, y aseguró que su país es el
socio comercial perfecto para la región.

Pero en su primer año de gobierno, Donald Trump no ha sido amistoso con AméricaLatina. De hecho, la presencia económica china, como socio comercial o inversionista, es creciente.

Rusia tiene, en contraste, una inversión muchísimo menor, marginal, pero no ha perdido la oportunidad de hacerse sentir, desde 2008 se han registrado visitas de la Armada rusa al Caribe, en la forma de lo que Estados Unidos afirma son barcos espías en el mar Caribe, o como un par de visitas en 2008 y 2014 de flotillas de la Armada a países que considera amigos, como Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Más importante, sin embargo, es su presencia electrónica, aunque el propio canciller Sergei Lavrov, la negó enfáticamente.

Para Tim Padgett, un periodista estadounidense especializado en Latinoamérica, los dos tienen la ventaja de no ser Trump y su pretendido retorno a la Doctrina Monroe, una doctrina de principios del siglo XIX que proclamaba América para los americanos y fue usada por Estados Unidos como marco ideológico para ejercer hegemonía en la región.

Desde el punto de vista estadounidense, la competencia rusa es más virtual que concreta, pero una red de acuerdos comerciales prestan simbolismo. La otrora líder y portavoz del campo opuesto en el mundo bipolar de la Guerra Fría del siglo XX es un socio comercial marginal para los países latinoamericanos.

Vista bajo esa óptica, su posibilidad de ejercer influencia real es por tanto menor.

Por las medidas tradicionales comercio e inversiones, contacto diplomático y venta de armas, las tendencias indican un nivel de involucramiento ruso, que es una pequeña fracción comparado con el resto del globo, señaló Richard Miles, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington.

En términos comerciales, el intercambio ruso con América Latina representaba en 2016 un dos por ciento de su comercio global. Su mayor socio comercial era Brasil, con una relación bilateral estimada de cuatro mil millones de dólares en 2016. Tiene una buena relación con Venezuela y ese año le compró petróleo por 1.7 mil millones de dólares.

El comercio con México es mínimo, tanto que el propio Miles lo comparó con el monto que México comercia con EU cada 36 horas.

Para Miles y otros analistas basados en Washington, Rusia aprovecha, según a decir de Miles, una cadena de televisión en español y la manipulación de redes sociales para montar en la región una campaña de relaciones públicas tipo pueblos Potemkin, o sea de hacer creer.

Del otro lado, la actividad económica —especialmente comercial— ha llevado a China a convertirse en un socio comercial de primera importancia para países como Brasil, Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Venezuela.

De hecho, según cifras estadísticas del Banco Mundial y otras fuentes, el comercio entre China y América Latina pasó de casi nada en 1990 a 10 mil millones de dólares en 2000 y 270 mil millones en 2012. La inversión directa china su- pero ya los 70 mil millones de dólares, pero a diferencia de la estadounidense, no tiene ataduras visibles.

Y mientras Trump desdeña a los países latinoamericanos, Xi Jinping ha hecho al menos tres viajes por la región.

Además, la diplomacia china habla al menos de fórmulas que permitan la inclusión de la región en su iniciativa de la Ruta y el Cinturón de la Seda, así como acceso a su nuevo banco de desarrollo: otra vez un financiamiento sin condicionamientos.

Los Estados Unidos hacen todo lo que pueden por enemistar a la región… la desdeñan, la critican, la califican como un basurero… Xi Jinping puede ignorarla y sólo con eso gana, señaló recientemente Jorge Guajardo, un exembajador de México en China asentado ahora en Washington.

 

Por JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

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