Borderland

El Programa de la Zona Libre de la Frontera Norte es una buena iniciativa para lograr la competitividad del norte de México. Pero para que sea una "cortina de desarrollo" se necesitará construir un Estado eficaz

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

La frontera de 3,145 km entre México y los Estados Unidos constituye una de las regiones más dinámicas del mundo. 4 estados americanos, 6 estados mexicanos, 23 condados americanos, 39 municipios mexicanos, 12 millones de habitantes (ambos lados). Con 350 millones de cruces anuales por 330 puertos de entrada, es la frontera más legalmente cruzada del mundo. Laredo/Nuevo Laredo es el puerto interno (no marítimo) con más comercio del planeta, con $280 mil millones de dólares anuales (12 mil tráilers diario). Más comercio cruza esta frontera que todo lo que comercian todos los países de Sudamérica juntos.

La frontera ha tenido más impacto sobre México de lo que nos damos cuenta. Además de su papel toral en términos del comercio nacional, fue su experimento con las llamadas maquiladoras (armadoras) que fue el machote para el Tratado de Libre Comercio, sustento de la política económica del país desde hace 25 años. Fue la frontera que le dio refugio a Francisco Madero y la frontera la que marcó para siempre la demografía de América del Norte, sirviendo de conducto para que hoy haya más de 37 millones de mexicanos y mexicoamericano en los Estados Unidos.

La frontera tiene más impacto sobre los Estados Unidos de lo que la gente sabe. Además de su papel como lugar de tránsito de $580 mil millones de dólares de comercio y sustento de 6 millones de empleos de allá, sirvió como eje rector de la exitosa campaña del actual presidente americano. No es una exageración decir que este hombre logró la Casa Blanca gracias a su uso propagandístico de la frontera con México, haciendo éste uno de los temas de mayor trascendencia de la historia americana. Hoy, el gobierno de aquel país está en plena autoinmolación por las pasiones que suscita nuestro límite territorial. Hoy, el presidente de los Estados Unidos está viajando a la frontera para usar a México para distraer a su país, aduciendo que la frontera representa un riesgo inminente y que se tiene que amurallar más (1/3 parte de toda su longitud ya tiene una barrera física sustanciosa –el resto es casi todo río).

Como norteamericanista, celebro el que se apoye a esta zona y me parece que los argumentos, originalmente expuestos por el empresario tijuanense amlista Pedro Romero, son sólidos. Básicamente se dice que el lado mexicano tiene que mantener su competitividad ante la economía más grande del mundo, por lo que el IVA debe ser el mismo que el sales tax del otro lado, y el ISR se debe homologar con el corporate tax (actualmente de 21%).

Solita, la frontera mexicana podría jalar al país, como lo ha hecho en otras ocasiones. Las condiciones fiscales para que esto suceda se comienzan a dar. Ahora falta lo más difícil: construir un Estado que sustente la actividad que se espera.

 

*Presidente de la Fundación Imagen de México y conductor de ADN40 News

@AgustinBarriosG

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