Zonas Económicas Especiales; regalo para AMLO

Aunque una Zona Económica Especial no es productora de servicios turísticos, sí es un poderoso imán para los visitantes

Edgar Morales / Suite presidencial / Heraldo de México
Edgar Morales / Suite presidencial / Heraldo de México

Están hechas a la medida del Presidente electo; disminuyen pobreza y marginación en tiempo récord; más que inversión, se necesita certidumbre gubernamental, porque la infraestructura la construyen las empresas que llegan.

Ojalá haga suyas las ZEE, de contar con el aval de Andrés Manuel López Obrador daría seguridad a los inversionistas y sería el visionario que consolidaría el proyecto, comentó el secretario de Desarrollo Económico de Michoacán, Jesús Melgoza.

Las Zonas Económicas Especiales son una política pública con más de 40 años en el mundo. China fue el país que las popularizó, con el arribo al poder de Deng Xiaoping, El Arquitecto. Por algo, 50 por ciento de toda la Inversión Extranjera Directa que recibe a través de las ZEE.

El país más poblado del mundo hizo el milagro de convertir arrozales en ciudades desarrolladas, como Shenzhen, hoy transformada en el tercer puerto más importante del orbe. Bajo ese modelo, China, han creado más de mil ZEE, de cuatro mil que pueblan el orbe.

Para México –con metodología del Banco Mundial– se propusieron siete polos de desarrollo de alta tecnología: Puerto Chiapas, el corredor del Istmo con Salina Cruz; Oaxaca y Coatzacoalcos, Veracruz; Puerto Progreso en Yucatán, Ceiba Playa en Campeche, Dos Bocas en Tabasco y Lázaro Cárdenas–La Unión (Michoacán–Guerrero).

Este último es el más desarrollado –a más de un año que el Congreso votó la política pública– han llegado inversiones por mil millones de dólares, tiene gran potencial por su ubicación geográfica, ocupa el primer lugar nacional de movimiento de carga, es la única terminal especializada de vehículos en todo el país.

Si Andrés Manuel estudia el caso, gracias a las ZEE podría cubrir muchas de las expectativas generadas durante su campaña. De adoptarlas; abonaría al éxito de sus propuestas de gobierno en el sur y sureste de nuestro país. Se apuntaría como el estadista que este país espera.

Aquí un ejemplo: Aunque una ZEE no es productora de servicios turísticos, sí es un poderoso imán para los visitantes. La ciudad–estado de Singapur tiene al turismo como la tercera generadora de divisas, después de la ZEE y la industria bancaria. Atrae a 17.4 millones de turistas internacionales.

Hay un antes y un después milagroso gracias a la llegada de esas empresas, en el espacio diseñado.

Todo está reglamentado para que las compañias que lleguen, tienen que generar al menos 800 empleos directos, en los primeros cinco años, traer inversión mayor a 90 millones de dólares y desarrollarse en una superficie mínima de 20 hectáreas en los siguientes cinco años.

El próximo paso es que el gobierno federal licite el polígono de la ZEE, para encontrar al administrador integral, quien será el desarrollador de ese espacio, y deberá comprobar experiencia.

Ante la incertidumbre que pasan los inversionistas, nada como un mensaje del Presidente electo, confirmando la continuidad de esta política pública. Eso atraería propuestas financieras en cascada para los siguientes meses.

 

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