Y a todo esto, ¿quiénes son los grandulones?

Los grandulones no son otros que los narcos y empresarios inmobiliarios que están teniendo dificultades en la CDMX

Verónica Malo Tres en raya
Verónica Malo / El Heraldo de México / Tres en Raya

Le ha llovido a López Obrador por su defensa de Claudia Sheinbaum, mientras —cito a Elisa Alanís, de El Universal— las críticas por la inseguridad arreciaban y los padres de Norberto Ronquillo, secuestrado y asesinado en la Ciudad de México, daban el último adiós a su hijo.

A no pocos irritó el tono de AMLO: a Sheinbaum la maltratan mucho unos grandulones, abusivos, ventajosos. El enojo, brutal en redes y medios, surgió porque la mayoría pensó que el Presidente había llamado grandulones a la oposición política y a los críticos de la inseguridad en la capital del país.

Para algunos, López Obrador, un mago en el manejo de los tiempos políticos, se equivocaba esta vez, ya que la defensa de Claudia llegó en el peor momento: cuando se celebraba el funeral del universitario asesinado. Otros atribuyeron el supuesto error de AMLO a la necesidad que tuvo de compensar, al interior de Morena, el apoyo enorme que ha dado al canciller Ebrard (ya el segundo súper héroe de la 4T).

Yo tengo una lectura muy distinta de todos estos acontecimientos. Creo que Andrés Manuel piensa lo mismo que la Rayuela de La Jornada: Llama la atención esta ola de secuestros y asesinatos en la capital. Hay muchas maneras de desestabilizar….

Los grandulones, pues, no son otros que las mafias capitalinas de las drogas, que deben estar encontrando dificultades para influir en el gobierno de Sheinbaum. Pero también grupos empresariales, sobre todo del sector inmobiliario, que no saben cómo aceitar los procedimientos —tan ágiles en el pasado— para la autorización de permisos de construcción.

No digo que Claudia Sheinbaum esté haciendo lo correcto —ni afirmo que se equivoca— en la gestión gubernamental ni en el combate al crimen organizado. Lo único que señalo es que AMLO no cree que los grandulones sean los críticos de la jefa de Gobierno, sino los grupos de interés afectados.

Un punto que apoya el diagnóstico del Presidente es que, en efecto, llama la atención esta ola de secuestros y asesinatos en la capital. Y ello en razón de lo atípico del fenómeno.

En Monterrey, Reynosa, Ciudad Juárez, Tijuana mucha gente muere en enfrentamientos de narcos contra narcos o de cárteles contra las fuerzas armadas.

Lo que ahora ocurre en la Ciudad de México es otra cosa. A un secuestro y asesinato de un estudiante, sigue otro. Suficiente tendencia para desatar la histeria colectiva.

Los habitantes de la Ciudad de México no conocemos el verdadero infierno: tiroteos frecuentes en las principales avenidas o narcobloqueos.

Ni duda cabe, los grandulones están haciendo su chamba. Pero no son los únicos a combatir. Pronto, si no es que ya ocurre, el Presidente y su gabinete enfrentarán a los malosos —Zedillo dixit— del tráfico de migrantes; un negocio de más de 6 mil millones de dólares que sufrirá pérdidas si tiene éxito el proyecto de proteger la frontera sur.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
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@MALOGUZMANVERO
 

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