Wilder, el rey del boxeo universal

Hay grandes contendientes en esta división, lo que da pie a una serie de combates de gran interés

Mauricio Sulaimán / Recuerdos de José Sulaimán / El Heraldo de México
Mauricio Sulaimán / Recuerdos de José Sulaimán / El Heraldo de México

Tras una semana del espectacular nocaut, que el campeón pesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), el estadounidense Deontay Wilder, propinó a su compatriota, el retador Dominique Breazeale, quedó de una vez por todas y absolutamente claro quién es el mejor peso completo del orbe.

Wilder, invicto en 41 combates con 39 triunfos por KO, mantiene clara su postura de estar listo para quien decida subirse al cuadrilátero con él.

El otro monarca es el británico Anthony Joshua, y su posible combate con Deontay ha sido esperado por los aficionados.

Joshua ha optado por tomar otro camino, y este pleito no se ve cerca en un futuro inmediato.

Hay grandes contendientes en esta división, lo que da pie a una serie de combates de gran interés, entre otros están, Tyson Fury, quien empató con Wilder en diciembre pasado, el pugilista cubano Luis Ortiz, el inglés Dillian Whyte, y algunos otros jóvenes que están regresando el interés a la máxima división del pugilismo.

Deontay Wilder y su nocaut produjeron el inminente recuerdo de Mike Tyson. Es lo que esperamos, una era de gloria en el boxeo en la división de los pesos pesados.

¿SABÍAS ESTO?

Existe la llamada tarjeta roja en el boxeo. Esta tarjeta la utiliza el médico de ring para poderse comunicar con el réferi, ya que en muchas ocasiones no hablan el mismo idioma, y se han dado momentos de gran confusión cuando el réferi lleva a un boxeador a revisión por el doctor.

El tamaulipeco Miguel Acuña, quien recientemente pasó a mejor vida, fue quien tuvo la idea. Hoy todos los doctores del mundo del boxeo tiene tarjeta roja y verde.

Si su opinión es que la pelea no debe continuar, entonces enseña la roja, y si cree que el peleador está apto para continuar, le enseña la verde.

Deontay, pugilista estadounidense, volvió a demostrar por qué es el mejor de los pesos pesados. Foto: Especial


ANÉCDOTA DE HOY

El beisbol fue la otra pasión de don José Sulaimán.

Ya en ocasiones anteriores, he tenido la oportunidad de compartirles diversas anécdotas de mi padre.

Hoy les compartiré sobre una de sus tres pasiones: el beisbol… Las otras dos, a mi leal entender, lo fueron: la familia y, por supuesto, el boxeo.

Siendo niños, vivimos en la colonia Lindavista, en la CDMX, lugar en donde crecimos y pasamos estupendos años.

Resulta que nuestra casa se ubicaba a tan sólo media cuadra del conocido Parque Miguel Alemán, en donde se encontraba la Liga de beisbol Lindavista, y siendo mi padre en su juventud un beisbolista de altos vuelos y fanático empedernido de dicho deporte.

Pasó poco tiempo para que toda la familia viviéramos intensa y profundamente la práctica de este deporte.

Una vez que mi papá tuvo conocimiento de que en el Parque Miguel Alemán había una liga de beisbol infantil, de inmediato inscribió primero a mis hermanos José, Héctor y Fernando; a mí unos años más tarde en la división pingüica.

Con el paso de los años y, con base en su liderazgo y pasión por el beisbol, José Sulaimán asumió el cargo de presidente de la liga, y hasta donde tengo recuerdo, su filia y apoyo al beisbol infantil y juvenil, se extendió a lo largo de toda su vida.

Fue el caso que corriendo el verano de 1974, a don José se le metió la idea de llevar a dos equipos (selecciones) de la Liga Lindavista a jugar un torneo internacional de beisbol a Estados Unidos.

Todos los ahora adultos que tuvimos la oportunidad de vivir esa gran experiencia la recordamos como un hecho que marcó nuestras vidas para siempre.

Don José subió al autobús a los cerca de 30 beisbolistas adolescentes, y emprendieron el viaje a Dallas, Texas, así como familiares y acompañantes.

Por supuesto que no todo fue miel sobre hojuelas durante el viaje; el autobús sufrió desperfectos, y en verdad que solamente la camaradería y la inconciencia, propia de la adolescencia, hizo de tales circunstancias, como parte de la aventura.

Cuenta la anécdota que una vez instalados, los 30 peloteros mexicanos fuimos al campo de entrenamiento denominado Big State, en Texas, y nos dimos a la tarea de conocer los otros escenarios en los que se llevaría a cabo el torneo.

Y para sorpresa de propios y extraños, el equipo compuesto por compañeros de 13 y 14 años resultó ganador del mismo.

Vaya aventura y arrojo de don José Sulaimán: ¡Llevarse a 30 peloteros de entre 12 y 14 años a Estados Unidos!, eso sí que requirió de gran valor.

Mi padre fue, durante muchos años, entrenador de equipos de beisbol infantil.

Quienes formamos parte de sus equipos, le recordamos como un entrenador especialmente estricto, y con un casi obsesiva preocupación por el entrenamiento. Sí, sus entrenamientos eran interminables.

Exigía la repetición, una y otra vez, de las jugadas y forma en que había que ejecutar las cosas.

Él nos decía: dos manos a la bola, chamaco, y hay que ir como perro, tras la pelota, eran dos de sus frases favoritas.

Don José marcó a más de uno para siempre, por cuanto se refiere a la disciplina, dedicación y compromiso para con el deporte que se practica… o actividad profesional que se elige.

La vida, para destacar, exige de la persona, y su mayor esfuerzo.

Don José Sulaimán posó con chicos de la Liga Lindavista, de uno de sus deportes preferidos.Foto: Especial


POR MAURICIO SULAIMÁN 

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