Vivir viajando ligero

Llevo días cuestionándome cuántas personas estarán en este momento ante la posibilidad de volver a comenzar en sus vidas

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México
Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Nunca pensamos que cada día, al despertar, estamos ante esa maravillosa oportunidad. Pero vivimos con el piloto automático encendido y no reparamos en ello.

Estas últimas semanas estoy enfrentándome a ser testigo de cómo mi casa se va desarmando ante el inminente cambio de vida que voy a enfrentar junto a mi marido. Irse a vivir del otro lado del mundo no es cualquier cosa, es una partida inusual.

Es un proceso que se siente como si te metieras en una licuadora gigante que te sacude con fuerza, te desbarata toda y luego te vuelve a armar reubicándote en el sitio en el que debes de estar. Y en tal desarrollo uno necesita estar más funcional que emocional, yendo en modo automático, como cada día al despertar; sin ese modo robot creo que nadie se atrevería a seguir adelante con el plan tras una decisión tan audaz.

Pero hay que darle al cuerpo y a la mente los momentos precisos de cuándo actuar sólo con la cabeza para resolver mil pendientes, y una vez resueltos, darle ese tiempo necesario al corazón.

Nunca es fácil atestiguar cómo se va desarmando el lugar que fue tu templo, en donde fincaste miles de sueños, el que decoraste con tanto amor y en donde has guardado tantas cosas como si fueran tus tesoros más preciados. Cuesta arrancarse todo eso que acumulamos de manera inútil porque nos apega a momentos que una vez fueron importantes.

Pero una mudanza es la mejor oportunidad que nos da la vida de desprendernos de aquello que ya no nos hace falta para seguir adelante, y aunque duele, una vez que lo dejas ir adviertes que tomaste la mejor decisión. Llegar a un nuevo país, a una nueva casa, significa empezar una nueva vida. Es esa oportunidad de volver a empezar que irremediablemente la vida te pone de frente de manera brutal sin que la puedas evadir para que cierres un capítulo y empieces a escribir el nuevo; porque la búsqueda de la felicidad no tiene una agenda específica, ni un límite de edad para empezar, simplemente se te pone delante y tus opciones son ¡tomarla o no!

El trayecto está lleno de curvas porque, además de todo el trabajo físico, hay una mezcla de nostalgia e ilusión muy difícil de acomodar en el corazón. Pero siempre he pensado que el universo nunca quita las cosas buenas de tu vida sin que a cambio te vaya a dar algo extraordinario. Con eso en mente, y sin mirar atrás, empacas tus cosas ¡y empiezas de nuevo!. Lo doloroso es la distancia física que te separa de las personas que más quieres y te importan. Yo me consuelo pensando que nos protege el mismo cielo estrellado y que cada noche, todos ellos y yo, vemos exactamente la misma luna.

POR ATALA SARMIENTO 

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@ATASARMI

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