Vivir sin repelente

Pertenezco a un grupo sanguíneo poco común, por no decir raro. En mi adolescencia, mi mamá guardaba celosamente una lista de teléfonos de posibles donadores por si acaso

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México
Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Me gusta bromear con el hecho de tener sangre atípica y decir que, como la realeza, soy de sangre azul pues, siendo tan blanca, se me transparentan las venas y se me ven azules. Esa sangre extraña y azul, supongo, era un dulce banquete para los mosquitos desde que era muy pequeña.

Hace unos años, cuando vivía en Houston y trabajaba en el área de noticias tuve que hacer una cobertura nocturna, en vivo, cerca del brazo de un río, en una zona pantanosa llena de insectos. Yo era un manjar esa noche para las fierecillas aladas puesto que llevaba puesta una minifalda morada sobre mis muy transparentes piernas.

Encendieron los reflectores a la hora de enlazarme en vivo desde el lugar de los hechos y eso desató la atracción inmediata de los insectos a mis piernas. No duré más de 5 minutos en dicha transmisión; recogimos todo y volvimos a la estación. Hasta allí pensaba que me había librado milagrosamente de ser víctima de un ataque masivo de mosquitos.

Me fui a mi casa a dormir y empezó el drama. A mitad de la madrugada empecé a sentir una comezón muy fuerte en la pierna derecha. Entre sueños me rascaba y sentía las pequeñas abultaciones en mi piel que iban multiplicándose mientras las avivaba rascando desenfrenadamente por aquí y por allá.

Cuando desperté vi el horror en ambas piernas ¡Estaban hasta medio deformadas! Se habían formado aglutinaciones de piquetes rojos encendidos, pero podía contar cuántas mordidas había por isolte porque cada picada tenía un puntito rojo en el centro. Llegué a contar 346 en la pierna derecha cuando me rendí y no quise seguir con la izquierda que estaba igual o peor.

Tuve incluso fiebre y un malestar rarísimo que se me pasó al cabo de unos días de tomar pastillas y untarme pomadas.

A partir de entonces cada vez que viajaba a un lugar tropical me bañaba en repelente de mosquitos para evitar mordidas. Pero un día me encontré ante el pánico de verme cubierta de ronchas una vez más porque olvidé llevarlo.

Para mi sorpresa no se me acercó ninguno de los amenazantes monstruitos; así descubrí que, después de aquel ataque cruel y desfachatado, desarrollé una curiosa inmunidad contra los mosquitos.

¡Los vencí! No hay forma de que me piquen. Mi exótica sangre azul ahora les parece chocante.

Y en la vida pasa igual que con los mosquitos. Puedes ser víctima de ataques constantes que pican, duelen o causan malestar general. Afortunadamente también sirven para que uno desarrolle una robusta capa protectora que te vuelve completamente inmune ante esas minúsculas bestias aladas que intentan tumbarte. Yo sigo con mi sangre rara, y aunque me pongan en un pantano con reflectores, los mosquitos ya no me hacen nada…

 

Por ATALA SARMIENTO

@ATASARMI

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