Violencia en la cancha

Las peleas en el terreno de juego deben ser repudiadas y criticadas; los tiempos actuales lo exigen aún más

Poncho Vera
Pocho Vera / Gol gana / Heraldo de México

Un jugador de un equipo profesional de futbol se enoja con otro en pleno partido (miles los ven desde las gradas y muchos más por diferentes tipos de pantallas); deciden agarrarse a empujones, y armar un espectáculo chafísimo que asemeja a una pelea, cual borrachos de cantina, como malandrines callejeros. Lamentable.

Dos deportistas profesionales, mientras se desarrolla un juego de futbol, se encaran, empujan, manotean y mientan la madre, como si fuera un gran mérito pelearse a golpes, como si así se demostrara orgullo, como si fuera de valientes, o una acción digna de aplaudirse.

Lo ven bien, piensan que eso es defender los colores del equipo, que ahí está el orgullo de su escudo, que es así como se demuestra el compromiso con una institución.

Si alguien le entra fuerte a un compañero o comete una dura falta, se responde encarando verbalmente y metiendo empujones que invitan a enfrascarse en una pelea de puñetazos limpios y directos.

Vemos que en las ligas de jugadores veteranos pasa lo mismo, al igual que en campeonatos juveniles e infantiles. Parece que es parte del futbol agarrarse a moquetazos.

De la misma manera es bien visto reclamarle al árbitro, hacerle muecas o burlarse de él.

Al que reta a golpes a los rivales, o que desacredita al silbante se le reconoce con aplausos por tener sangre en las venas, con amor propio. El que hace lo contrario es un agachón, un blando, un cobarde. Increíble. Todo mal.

Empecemos, en el caso de los futbolistas profesionales, por destacar que sinceramente se ven ridículos, hacen un oso, un papelón cada vez que se enfrascan en una pelea en el juego. Una envalentonada que causa risa. Vaya, se ven estúpidos. Aunque son jóvenes, ya deberían de tener la madurez mínima para no hacer dichas payasadas. ¿Hay algo más inútil que agarrarse a golpes?

Continuemos con lo más grave: la justificación. No debe de haber espacio alguno para ningún tipo de actitud violenta.

Las peleas, siempre, sí o sí, deben de ser repudiadas y criticadas; los tiempos actuales lo exigen aún más. Ni qué decir de la realidad que se vive en México, necesita urgentemente ejemplos y manifestaciones de cordialidad, no de agresión. Cada detalle cuenta.

Aunque la responsabilidad primordial cae en los padres de familia, no hay duda de que las figuras públicas tienen influencia en niños y jóvenes. Los futbolistas profesionales, si bien no tienen la obligación de educar a la juventud, podrían ser un buen ejemplo, o algo que se acerque a ello.

No es un sinsentido pensar que los chavos se agarran a golpes en un juego de futbol de una liga escolar inspirados y motivados por lo que hacen los equipos profesionales.

Y también están mal los aficionados en el graderío, al exigir golpes por cualquier bronquita en el terreno de juego. De la misma manera, lo medios de comunicación debemos dejar de enaltecer las golpizas de los deportistas.

POR PONCHO VERA
@PONCHOVPOF

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