Violencia arriba y economía abajo

Mientras el gobierno no decide su estrategia ante el crimen organizado, se entretiene tratando de controlar la crisis migratoria en las dos fronteras

Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México
Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México

En materia de violencia y avance del crimen organizado en México, las noticias no podrían ser peores para la ciudadanía. El crecimiento en la violencia ha rebasado todos los pronósticos y llegado a niveles nunca vistos en la larga historia de la nación.

En los primeros seis meses de gobierno de López Obrador los homicidios dolosos alcanzaron la cifra de 14 mil 505 mientras que en el mismo periodo con Peña Nieto fueron nueve mil 491 y con Calderón cinco mil 327. Los secuestros subieron un 68% en comparación con el cierre de la gestión de Peña Nieto.

La violencia va al alza en México. Pero, peor que eso, la actividad de los principales cárteles también, y la impunidad con la que actúan.

La instrucción transmitida a las unidades de seguridad, ya sean Ejército, Marina, Policía Federal, Guardia Nacional, policías estatales o municipales es exactamente la misma: no enfrenten a los contingentes del crimen organizado.

Teniéndolos en plena vista, repliéguense.

En este momento de la vida nacional, esa es la estrategia anticrimen que ofrece el gobierno federal. Múltiples entrevistas con oficiales del Ejército, Marina y Policía Federal han confirmado esa instrucción.

Corresponda a la visión de que es mejor convencer a los grupos criminales organizados que depongan sus armas, que se dediquen a negocios lícitos y que tengan larga y buena vida, en vez de enfrentarlos con las armas del Estado. De ahí la idea de becarios sí, sicarios no.

El gobierno piensa que tiene el tiempo de su lado. Ha cambiado varias veces de pronóstico acerca de cuándo se verán y sentirán mejoras en materia de seguridad.

Primero, ofreció que en tres meses habría una mejora notable; después que sería en seis meses. Posteriormente, habló de tres años. Ahora ofrece seis años como límite seguro.

Es cosa de recordar que en una mañanera en enero de este año, el secretario de la Defensa Nacional habló de entre diez y 15 años para lograr la consolidación de la Guardia Nacional.

Es decir, hay que concluir que realmente no saben cuándo habrá una mejora en la seguridad nacional, principalmente porque aún no definen la estrategia a seguir. ¿Vamos a negociar (¿qué cosas?) con el crimen organizado para que deponga sus armas y, de paso, sus negocios? O, ¿vamos por la estrategia del sexenio de De La Madrid y Salinas: modular bonapartistamente el negocio del tráfico de droga desde el Estado (acuérdense de Bartlett)? O ¿vamos a enfrentar al crimen organizado con todo el peso de la fuerza del estado?

Mientras el gobierno no decide su estrategia a seguir ante el crimen organizado, se entretiene tratando de controlar la crisis migratoria en las dos fronteras: sur y norte.

La crisis sobre la frontera sur es una creación deliberada e irresponsable del Presidente mexicano, mientras la crisis en la frontera norte es producto de las presiones del Presidente estadounidense. Y los ciudadanos atrapados entre ambos.

Seis mil efectivos del Ejército y la Marina -disfrazados de Guardia Nacional- han sido acantonados sobre la frontera sur, con todas las tensiones imaginables.

El siniestro Francisco Garduño, nuevo director del Instituto Nacional de Migración, se dedica a insultar a los elementos de seguridad en el sur, calificándolos de fifís, y levantando la bandera política de Morena y la Cuarta Transformación.

Expresa una conducta absolutamente inapropiada para con elementos que arriesgan la vida, mientras él despacha en la Ciudad de México. Pero sí expresa nítidamente la sobre ideologización que caracteriza a este gobierno y a sus funcionarios. Es el peor rostro del nuevo gobierno. ¿Renunciará? ¡Claro que no!

Peña Nieto hizo algo parecido a lo que está haciendo López Obrador. Para aparentar que existe la paz, ambos ordenan el repliegue de las fuerzas federales ante los avances del crimen organizado.

Son acciones con una intencionalidad política y cosmética, pero carentes de toda seriedad. Ordenaron a la prensa dejar de publicar datos sobre la criminalidad y sus acciones. Peña tuvo más éxito que López en esta materia, hay que reconocerlo. Desde los tiempos de Peña, la sociedad y la prensa aprendieron que callarse ante los hechos y cerrar los ojos es condenarnos a largos años de desgracias.

Lo único que podemos concluir de las decisiones -o indecisiones– del actual gobierno es que el costo va a terminar siendo altísimo para la sociedad y nos condena a años de tristezas, miedos e inseguridades.

Junto con ello, deberá verse una ralentización económica general en el país. Un incremento de la violencia e inseguridad junto con una economía que pierde fuerza va a llevar al país a un triste, desgastante e inútil enfrentamiento interno.

¿Es eso lo que quiere y le conviene a López? ¿Es esto lo que quiere la sociedad mexicana?

Por Ricardo Pascoe

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