Vida de perro, por culpa de los animales

Cada vez es mayor la cifra de denuncias de maltrato a mascotas y nula la sanción

Hugo Corzo / Cruz y grama / Heraldo de México
Hugo Corzo / Cruz y grama / Heraldo de México

Tres escenas dantescas de maltrato animal y falta de escrúpulos en la tenencia de mascotas, ocurridas en días recientes, quitan el aliento y ponen a pensar si en verdad merecemos decirnos la especie predominante por nuestro raciocinio. En el mejor de los casos, ante esos sucesos nos comportamos sólo como animales, pues no podemos desmarcarnos de la taxonomía que nos ubica en ese reino.

El fin de semana, dio la vuelta a las redes el insoportable video donde un presunto empleado del ayuntamiento de Huehuetlán, Puebla –aunque las autoridades desmintieron que lo sea, pero la población lo ubica como trabajador del servicio de limpia–, en el que le corta, a mansalva, cual animal, la cola a un perro mientras estaba encaramado en un bote de basura, pepenando comida, sin molestar absolutamente a nadie. El rabo, inerte y ensangrentado, quedó ahí sin su dueño.

El viernes pasado, en la Ciudad de México, en la decentísima colonia Del Valle de la alcaldía Benito Juárez, el lugar más pet friendly de toda Latinoamérica por la cantidad de comercios que admiten mascotas y de parques e infraestructura para éstas, un animal paseaba a su pitbull por la calle, sin correa –aunque esto es una infracción a la Ley de Cultura Cívica–, bajo el argumento de que es muy tranquilo y no hacía nada… hasta que encontró al perro de una pareja que salió a pasearla, perfectamente atada con correa, y la mató sin mayor trámite ni provocación.

El asunto se viralizó entre el asombro de los vecinos de la Del Valle y la indiferencia de la alcaldía, que no tienen a nadie que vigile el cumplimiento de las normas cívicas. El pedir garantía de respeto a las mascotas ni siquiera es un asunto meramente sentimental: lo que ocurrió, de menos, fue daño en propiedad ajena, que nadie sancionó. Y de fondo: una acto de crueldad de un animal: el dueño inconsciente.

Y días antes de ello, en un video más conocimos  de la impaciencia de otro palurdo, en la Condesa, que asfixiaba a su perro mientras lo adiestraba.

Nuestras mascotas y los callejeros llevan una vida de perro no sólo por el maltrato de la gente, sino también por la indiferencia de las autoridades y la estela de impunidad que dejan. Cada vez es mayor la cantidad de denuncias de maltrato, y nulas las sanciones.

En Toluca, por ejemplo, capital del Estado de México, hay más de medio millar de denuncias por maltrato animal, y apenas se tiene registro de una multa por ello, aunque las sanciones económicas van de los 8 mil a los 250 mil pesos.

En contraste, un caso valiente y encomiable ocurrió en Veracruz, donde un juez de control en ese estado dictó, a principios de este mes, la primera prisión preventiva para una persona (Pedro N) por matar a su perro, Viejito Lindo. Enfrenta ahora un proceso penal. Pero éste, es una excepción apenas.

Salvo ese acto solitario en un aluvión de abusos, esta conducta anti social crece al amparo de la impunidad, y los números no son alentadores: según el Inegi, en el país 7 de cada 10 mascotas, de las 23 millones que se calculan, están en la calle abandonadas. Sólo unas 5.4 millones tienen hogar. Y México es líder en abandono de animales en América Latina, además de que 60 mil animales mueren al año, a causa del maltrato (Ecoosfera, febrero 15 de 2019).

Me niego a pensar que no nos importa. Me niego a pensar que gente que amaba a los perros tanto como para dar su vida –como Juan Pablo Irigoyen Ramírez, vecino de la Del Valle y quien cumplirá dos años de fallecido el 19 de septiembre, luego de regresarse por su bóxer cuando inició el terremoto de 2017– murieron en vano. Vecinos de la Del Valle organizan una campaña de visibilzación de las responsabilidades, de dueños y autoridades.

Podría parecer insensible escribir de perros cuando hay 28 acribillados en Veracruz, un feminicidio cada 2.5 horas en promedio, miles de desaparecidos, decenas de miles de delitos sin sanción… pero seguro que la mayoría de todas esas conductas anti sociales y delictivas pasaron, iniciaron, por el maltrato animal indolente e impune, el cual a nadie se le ocurrió atajar, no sólo por el bienestar de la mascota, sino de la sociedad que no supo reconocer que esa patología esconde sociópatas potenciales. El cuidado de las mascotas nos hace una sociedad más sana.

 

POR HUGO CORZO
[email protected]XICO.COM.MX
@HUGO_CORZO

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