Verdades de a kilo de AMLO

El Presidente tundió a la oposición por sus errores y omisiones del pasado, mismas que no fueron debatidas

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México
Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

Nos dijo desquiciados, prostitutos, aturdidos, desconcertados, moralmente derrotados y otros calificativos horribles, se quejan los partidos políticos de oposición.

Sin embargo, la realidad es que el presidente Andrés Manuel López Obrador les dijo a sus opositores verdades de a kilo, que no pueden rebatirle porque cometieron ésas y otras atrocidades políticas cuando ejercieron el poder.

Los observadores contribuyen al debate, señalando que un sistema democrático moderno debe reconocer la primacía de las posiciones políticas mayoritarias, pero también está obligado a garantizar el ejercicio pleno de los derechos de la oposición, que corresponden a las minorías. En México —y en cualquier país pluripartidista— el concepto de oposición política se entiende y se aplica en forma general a las organizaciones que persiguen fines distintos y a veces contrapuestos a los que defienden quienes tienen el poder del Estado, o que son reconocidos institucionalmente como autoridades políticas.

No es ocioso en las actuales circunstancias que vive el país, enfatizar el legítimo ejercicio de la oposición y destacar su imprescindible función como factor de equilibrio del poder, así como insistir en la necesidad de que las mayorías tengan una acción política debidamente limitada por las dinámicas de disenso democrático. Por ello, no está de más reiterar la importancia de la oposición como elemento básico de la democracia, sin el cual los gobiernos carecen de los necesarios y útiles contrapesos.

Nuestro país, como la mayoría de las democracias incipientes, transitó primero por una etapa de tolerancia, en la cual era de conocimiento público la existencia de posiciones divergentes de las gubernamentales, pero a las que no se les hacía ninguna concesión para ser reconocidas o tomadas en cuenta. Posteriormente, México evolucionó hacia la etapa de la legitimación, en la cual se reconocía de facto la existencia de grupos y organizaciones de oposición, a las que se les concedían ciertos espacios de acción, aunque de manera tácita y sin regulación alguna. Por último, la madurez democrática obligó a institucionalizar a la oposición, cuya existencia fue reconocida de manera legal y se le concedieron espacios de acción, así como de interlocución con el oficialismo y con quienes se ubican en la sociedad civil.

Así, la oposición pudo ejercer —por lo menos en teoría— dos funciones características: vigilar las acciones de gobierno desde posiciones legalmente reconocidas, y regular el funcionamiento de los mecanismos que tratan de garantizar la alternancia en el poder.

El gobierno de la 4T no le ha permitido a la oposición convertirse en instancia de consulta para el mejoramiento de los procesos políticos y le ha dificultado el acceso a todas las funciones y espacios institucionales a que tiene derecho, lo que podría resultar preocupante.

Pero como los opositores andan aturdidos, desquiciados, moralmente derrotados, desconcertados y hasta perplejos, según López Obrador, pues no tienen mucho que ofrecerle a la sociedad. Así que…

POR LUIS SOTO

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