Agresión sin sentido

Prescindir de servidores altamente especializados, capacitados duranteaños, es una merma para el Estado

Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México
Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México

La nueva administración ha emprendido una ofensiva contra sí misma. Parece una agresión sin sentido contra los encargados de hacer funcionar al propio gobierno federal. Porque todo programa de gobierno requiere de una burocracia para implementarse y las funciones del Poder Ejecutivo necesitan de funcionarios, precisamente, para ejecutarlas. Piénsese en áreas técnicas como la supervisión y regulación del sistema financiero, o las del Servicio de Administración Tributaria. Prescindir de servidores públicos altamente especializados, capacitados durante años, es una merma para el Estado.

Esto no quiere decir que la burocracia mexicana funcione de maravilla, o que no existan dispendio y corrupción. Tampoco significa estar en contra de un gobierno austero. Pero, desafortunadamente, la austeridad per se no se traduce de manera directa en eficiencia ni tampoco en probidad. Peor aún, aplicar recortes y despidos indiscriminados puede salir más caro que lo ahorrado.

Además de este autosabotaje, los recientes ataques contra el Poder Judicial y organismos constitucionales autónomos merecen mención aparte. No se trata de defender excesos o privilegios, ni de oponerse a un ejercicio de optimización de recursos. El problema de fondo es más serio.

En el caso de la Suprema Corte, las reacciones a la suspensión otorgada por el ministro Pérez Dayán en la controversia constitucional promovida por PAN, PRD, MC y la CNDH en contra de la ley de Remuneraciones denotan un claro desdén hacia el único poder democrático no surgido de la última elección.

Por otra parte, más allá de la derogación de la reforma educativa, la iniciativa de cancelar el INEE confirma la animadversión obradorista hacia los órganos especializados que han surgido para despolitizar, eliminar discrecionalidad, dar certeza y rigor en áreas prioritarias como la educación o la transparencia.

Finalmente, el reiterado ofrecimiento del presidente López Obrador y de la jefa de gobierno de la CDMX de acabar con los fraudes electorales sorprende porque pone en duda la limpieza de los procesos en los que ambos resultaron electos y su partido se llevó la mayoría en el Congreso, cinco gubernaturas y 19 congresos locales.

Sorprende porque López Obrador ya es presidente, jefe del Estado y sigue pensando que las instituciones son de otros. Preocupa porque no hay el mínimo reconocimiento a lo que sí está funcionando, incluso en su propio beneficio. Y alarma porque el cambio de régimen amenaza todo a su paso. Incluso derribar la precaria institucionalidad que nos ha tomado décadas construir.

Por cierto…- Después de que Donald Trump amenazara con cerrar el gobierno si los líderes demócratas no autorizan fondos para el muro con México, el presidente López Obrador habló con su homólógo en términos respetuosos y de amistad. Claramente, no piensa caer en las provocaciones de Trump y es la decisión más sensata. Pero ¿dónde están los indignados que exigían mano dura y condenaban la misma estrategia del ex presidente Peña?

 

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@veronicaortizo

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