Venezuela: una elección sin razón

Las elecciones venezolanas celebradas el domingo tienen un solo fin, descontado de antemano: legitimar al gobierno del presidente Nicolás Maduro

Venezuela: una elección sin razón

La idea central de la votación era una aprovechada ya por el que fuera popular presidente Hugo Chávez, que apoyado por elevados precios del petróleo creó un estado benefactor y clientelista.

Pero las políticas económicas de Chávez, incluso nacionalizaciones que frecuentemente dejaron en el limbo a empresas de todo tipo, más el costo de programas sociales y de ayuda a otros países –que le conquistaron votos en los organismos internacionales– rebasan ahora las capacidades del estado y su sucesor.

La raquítica asistencia a las urnas subrayó el domingo ese  problema.

Desde el régimen Chávez, la lucha política se polarizó a tal grado que afectó el desempeño mismo del estado- Cuando en 2002 una parte de los trabajadores de la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA) se sumó a un paro convocado por la oposición hubo despidos masivos que golpearon a cuadros dirigentes de la empresa.

El resultado: PDVSA es confiablemente pro-gubernamental, pero todavía no se repone de esa purga. Y la caída de precios del petróleo no ayudó a la situación, pese a las ventas por adelantado.

A su vez, la oposición sólo parece de acuerdo en la necesidad de frenar al Chavismo de Maduro, pero no logró detener medidas como el virtual desconocimiento de la Asamblea Nacional y la creación de una Constituyente a la medida de los deseos del gobierno.

Nadie esperaba que la elección resolviera la crisis económica y política de Venezuela, que provocó una oleada de migrantes/refugiados,  desborda las fronteras y redujo también el margen de maniobra para el gobierno.

En un voto negativo difícil de ocultar, aunque no cuente formalmente, se estima que en los últimos tres años se autoexiliaron  dos millones de venezolanos  y hasta cinco mil más salen a diario de Venezuela.

Maduro asumió el poder en los últimos meses de 2012 como heredero designado del presidente Chávez, que murió el 5 de marzo de 2013. Tres días después, fue designado como presidente encargado y en abril de ese año ganó las elecciones extraordinarias convocadas por el fallecimiento del presidente en funciones, con apenas 50.6% del voto. Pero sin el carisma de Chávez y sin los recursos económicos que tuvo aquel a su disposición, Maduro ha sido un gobernante de crisis continua, que acusa a diestra y siniestra, dentro y fuera del país, mientras trata de mantener vivo el legado de su protector y su razón de ser.

Su atribulado gobierno está cada vez más aislado en lo internacional, pese a que mantiene un grado de respaldo tanto entre países beneficiados por el generoso programa de ventas petroleras subvencionadas a través de PetroCaribe como de naciones con pensamientos afines como Bolivia y Nicaragua.

El experimento, en todo caso, parece un fracaso.

 

 

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