Vendedor de esperanzas

López Obrador ha logrado mantener la credibilidad gracias a su intenso contacto con la gente, a sus conferencias y a los apoyos de corto plazo

Demterio Sodi
Demetrio Sodi / Colaborador / El Heraldo de México

Después de 14 meses de gobierno, López Obrador mantiene un alto nivel de popularidad y confianza entre la mayor parte de la población. La gente sigue teniendo esperanza y, salvo en seguridad, en la economía, empleo, educación y combate a la corrupción se piensa que el gobierno va por el camino correcto.

Esta esperanza contrasta, sin embargo, con la realidad que estamos viviendo. La economía no arranca y según todas las estimaciones para 2020 y 2021, el crecimiento económico, si se da, no llegará a 1.5%. López Obrador sigue negando la realidad y no reconoce que no hay inversión porque nadie invierte en una economía estancada y donde no existe confianza.

El Presidente es el peor enemigo de sí mismo, todo lo que teje Romo en privado con los empresarios lo desteje él en sus giras y conferencias mañaneras. Por un lado, reconoce a empresarios como, Carlos Slim, Alberto Bailleres y Germán Larrea y, por el otro, cuestiona el origen de sus fortunas y la culpa de todos los males del país. Este doble discurso provoca desconfianza y aunque en privado le digan otra cosa, en la realidad no van a invertir.

En seguridad, las cosas no sólo no van bien, sino que es evidente un fortalecimiento de los cárteles. La liberación del hijo del Chapo, la matanza de la familia LeBarón y la reciente quema de la mitad de un pueblo en Chihuahua, muestra la nueva fuerza del narcotráfico y el fracaso de la estrategia actual.

Después de 14 meses, el gobierno, con el apoyo del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, no ha podido con la violencia en Guanajuato; si no puede poner orden en un estado es poco probable que la estrategia actual funcione a nivel nacional.

Otro ejemplo de esa venta de esperanzas que no tiene viabilidad en la realidad es su compromiso de que para al final del sexenio se contará con un sistema de salud igual al de Canadá o Suiza. Mientras que México gasta en salud 2.5% del PIB, esos países gastan más de 6%, mientras que esos países tienen más de cuatro camas de hospital por cada 1000 habitantes, México tiene sólo 1.5 camas, o sea para llegar a ofrecer ese nivel de salud tendrían que triplicarse las camas y todo lo relacionado con ellas: doctores, enfermeras, quirófanos, etc., y como consecuencia los recursos.

El mismo programa estrella del gobierno, Jóvenes con Futuro, es un fracaso, de los más de 900,000 jóvenes capacitados menos de 10% consiguió trabajo y los demás se sumarán al desempleo en un país que cada día crea menos empleos.

López Obrador es un gran vendedor de esperanzas; ha logrado mantener la credibilidad gracias a su intenso contacto con la gente, a sus conferencias mañaneras, pero, sobre todo, porque ofrece apoyos de corto plazo y promete cosas que no va a cumplir.

El sexenio está, sin embargo, empezando y la realidad pronto lo va a alcanzar y no podrá seguir culpando al pasado de la falta de resultados, de no moderar sus ataques y buscar acuerdos reales, va a acabar como un gobierno fracasado y débil.

POR DEMETRIO SODI
COLABORADOR
@DEMETRIOSODI


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