Vecinos distantes, más que nunca

El muro, conforme pasa el tiempo, ya no es físico; puede ser militar o pura demagogia

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

El martes pasado, el presidente Trump se presentó ante el Congreso y pronunció quizás el mejor discurso de su administración.

Vehementemente, y fiel a su retórica, pidió dejar atrás la política de la revancha, habló de grandeza o estancamiento, y nuevamente empujó el tema del muro y su discurso nacionalista que, debemos decirlo, fue aplaudido por los estadounidenses.

Trump se encontró con una herencia que ha sabido manejar. Obama le dejó una economía en pleno empleo, y ha logrado acelerar aún más el crecimiento, disminuir el desempleo y responder a los estados que lo llevaron a la Presidencia. La clase media disfruta el discurso de Trump; aplaude sus formas, que alejadas de lo tradicional, convierten al presidente en un osado negociador que al tener más de un mes suspendido al gobierno no pareció importarle.

Su discurso traspasa el sentido clásico de la política, y así se enfila sin problemas rumbo a la reelección.

La agenda de la gente de Estados Unidos es la del presidente: amenazar a China con una guerra comercial, con resultados positivos hasta ahora; negociar con Corea del Norte; enfrentar los lazos añejos con Europa; alabar la presencia como nunca antes de mujeres en el Congreso, ante la mirada de Nancy Pelosi, y sí, de nuevo sembrar el muro que se enfrenta a la causa de todos los males y riesgos, la migración desde México.

El muro, conforme pasa el tiempo, ya no es físico; puede ser militar o pura demagogia, pero es y será la parte central de su discurso rumbo a la reelección en 2020.

En una economía en pleno empleo, creciendo al ritmo que lo hacen, es imposible que no requieran la mano de obra que llega desde el sur, pero crear esa gran crisis en la frontera es parte de la narrativa que ha caracterizado a Estados Unidos: los enemigos de la democracia liberal y antisocialista vienen a nuestro país en camiones que nosotros mismos facilitamos, según dijo Trump.

Racionalmente, la migración es necesaria, pero, en su narrativa, la mejor manera de cuidar a la clase trabajadora es evitar que sus empleos corran peligro.

Por ello, su búsqueda por un segundo mandato será patrocinada por ese discurso, que además no encuentra alguna fuerte oposición.

Si no respondemos, Trump tendrá razón, y entonces la problemática de la frontera sin ley será protagonista del futuro.

Así, somos vecinos distantes como nunca antes, y a menos que algo drástico suceda, el presidente López Obrador y el presidente Trump tendrán presidencias concurrentes hasta el 2024.

Lo que viene entonces será un reto descomunal para la diplomacia mexicana, y un estado permanente de aceptar, golpe tras golpe, la retórica de un presidente que ha encontrado la mejor manera de crecer y generar una narrativa sobre los restos de la relación México-Estados Unidos.

En este escenario, es urgente construir alternativas, diálogo y entendimiento para forjar un nuevo paradigma en esa relación, y ahí no debiera caber muro alguno.

 

Javier García Bejos

colaborador

@jgarciabejos

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