Unidad nacional

Con una visión maniquea de la realidad de la República se pretende ejercer un mandato desde la perspectiva de una falsa integración dual de la sociedad nacional

José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México
José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México

Ni chairos ni fifís, ni conservadores ni liberales; lo que empieza a emerger en la sociedad es un grupo de ciudadanos cada vez más amplio, y hoy diseminado en todos los estratos sociales del país, preocupados por el estilo personal de gobernar del presidente López Obrador, denominado la cuarta transformación

Con una visión maniquea de la realidad de la República se pretende ejercer un mandato desde la perspectiva de una falsa integración dual de la sociedad nacional.

De un lado se ubica a los seguidores a ultranza del caudillo (más que de la figura del presidente de la República), para quienes, sin importar su pasado, se pretende arrogar las categorías de honestos, demócratas, liberales, patriotas, amigos del pueblo pobre (señalados en las redes sociales como chairos).

Y por otro lado se ubica a quienes no coinciden con las propuestas y programas que plantea el presidente López Obrador, o no pertenecen a la corriente política de Morena, a quienes se les endilgan los calificativos de corruptos, conservadores, deshonestos, mentirosos, mafia, ricos enemigos del pueblo; y reciben el bautismo presidencial con el nombre de fifís.

La polarización de la sociedad desde la concepción y el discurso de la más alta magistratura del país sólo puede resultar en una peligrosa crispación de la ciudadanía que ponga en riesgo de grave retroceso a nuestro régimen democrático.

La democracia electoral, que permitió la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, determinó la alternancia en el ejercicio del Poder Ejecutivo.

Aún falta que Morena construya la alternativa de gobierno que siguen esperando millones de mexicanos, ni chairos ni fifís, que les otorgaron su voto en la creencia de que la cuarta transformación consistía en una nueva forma de gobernar, y no en el restablecimiento de un caudillismo mesiánico y los vicios del viejo régimen de partido hegemónico.

El ejercicio del poder exige que, por encima de banderas partidistas, se coloque el interés de todos quienes integramos la nación mexicana, que constituimos un policromo mosaico social, económico, cultural, político y religioso, que va más allá de la visión dicotómica del actual Gobierno de la República, que confronta y divide, que señala y ofende, que amenaza y excluye.

La unidad nacional es un valor que actúa como piedra angular en todo propósito de construcción institucional de un nuevo régimen de gobierno.

Ya se rebasó la etapa de la contienda electoral y lo que sigue es la reconciliación nacional con el único objetivo de edificar un México más justo, seguro y democrático.

No se transforma al país dividiendo a su sociedad; no se construye destruyendo; si bien hay mucho que corregir y rectificar, también se debe aceptar que hay mucho más de bueno en lo que se ha edificado en el pasado.

México somos todos. Entenderlo así es el reto de Morena y el gobierno que encabeza. Asumirlo así es la tarea de todas las fuerzas políticas y ciudadanas de la nación, si no queremos ver el descarrilamiento de nuestras instituciones en un mediano plazo.

 

Por JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES

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