Una relación complicada

A veces ha sido dependiente de quien esté a cargo de los destinos de la potencia del norte...

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

La relación entre Estados Unidos y México ha sido complicada, desde siempre.

A veces ha sido dependiente de quien esté a cargo de los destinos de la potencia del norte. En ocasiones, las menos, de quien sea responsable del gobierno mexicano.

A veces la combinación fue devastadora.

Si en los años 1840 y 50 los mandatarios estadounidenses fueron expansionistas, incompetentes o indiferentes, que buscaron simplemente diferir sus problemas nacionales a costas de otros países, como el caso de James Polk –responsable de la guerra de 1847–, en el lado mexicano estuvimos empeñados en guerras civiles, en conflictos de todo tipo –ideológicos en gran medida– y con caudillos incompetentes e indiferentes al mundo –aunque no a sus ambiciones–, como fue Antonio López de Santa Anna. Para ese grupo, lo que importaba era el dominio del gobierno y de la capital… después de todo, fuera de México todo es Cuautitlán.

La mezcla de ambas tendencias resultó en que México perdiera la mitad del territorio que había sido la Nueva España, que aunque no pareció importante en aquel momento resuena todavía en la conciencia nacional.

Pero en ese marco vale la pena recordar que la primera gran propuesta de relación especial entre Estados Unidos y México ocurrió hace 158 años, cumplidos por cierto, el 19 de enero de este año.

Fue la planteada por el entonces representante plenipotenciario mexicano en Washington, Matías Romero, al entonces presidente electo Abraham Lincoln.

De acuerdo con el relato de un historiador estadounidense, el 18 de enero de 1861 un distinguido mexicano llegó al pueblo de Springfield, Illinois, en una misión que puede considerarse precursora.

A pesar de cuatro décadas de rencorosas relaciones con su vecino del norte, ninguna nación dio la bienvenida a la Presidencia (de Abraham) Lincoln con más esperanza y sinceridad que México, escribió hace unos años William Moss Wilson, al relatar en The New York Times el viaje de Romero para visitar al entonces recién electo mandatario estadounidense.

Moss Wilson aseguró que el liderazgo mexicano recordaba al congresista de Illinois que cuestionó la beligerancia de James Polk, que en 1847 usó un incidente prefabricado para justificar la que guste o no a los estadounidenses fue una guerra de conquista para incrementar el número –y la fuerza política– de los estados esclavistas.

Para Juárez el tema iba mas allá, los republicanos de la época eran un contraste con la obsesión anexionista y esclavista de sus rivales demócratas, vinculados entonces a las clases dominantes en el sur estadounidense. Los republicanos parecían aliados ideales: valoraban más los dólares que el dominio.

El proyecto nunca se concretó: en el lado estadounidense al estallar la Guerra Civil contra reformas que llegaron a la liberación de los esclavos; en el caso de México por la crisis económica que precedió a la invasión francesa de 1862.

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@carrenojose1

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