Una potencia dividida

Trump se insertó en las legislativas a tal grado que para los analistas fue un referendo sobre su Presidencia

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México

El tercer mandamiento de la ley del presidente Donald Trump es jamás aceptar derrota y siempre proclamar victoria al margen de que tan abajo esté.

Trump se insertó en las elecciones legislativas del martes a tal grado que para muchos analistas las convirtió en un referendo sobre su Presidencia.

Y ahora proclama victoria y apertura al bipartidismo.

El veredicto electoral es una decisión tan dividida como el propio país. Es cierto que el temido tsunami azul demócrata no se concretó. Pero el resultado es un agudo aviso de problemas: los republicanos perdieron la mayoría en la Cámara baja porque también perdieron el voto de mujeres, minorías y habitantes suburbanos.

Esa pérdida se reflejó por ejemplo en la derrota de dos aspirantes a gobernador aliados de Trump, el activista antimigrante Kris Kobach, en Kansas; y Lou Barletta, héroe de los Partidos del Té, que fracasó en Pensilvania.

De hecho ese es un punto importante para los demócratas, que arrebataron a los republicanos siete gubernaturas estatales, en lo que esperan sea el anuncio de mayores ganancias por venir. En el terreno del vaso medio lleno incluso algunas derrotas, como la de Beto O’Rourke al buscar el escaño senatorial del republicano Ted Cruz, en Texas, mostraron el potencial para los demócratas en territorios aún considerados rojos, por el color asignado a los republicanos.

Pero igualmente, puede hablarse de un triunfo para Trump, que hizo una intensa campaña y logró detener la oleada demócrata en el Senado, donde los republicanos incrementaron su ventaja y ganaron tres escaños que tenían los demócratas en estados conservadores.

La derrota de algunos republicanos que habían procurado mantener distancias con Trump ayudó también a fortalecer la presencia del mandatario en ese partido.

Pero si en el futuro inmediato eso indica un grupo más consolidado, también revela el cada vez menor atractivo demográfico del partido en el poder.

Más aún, la diversidad racial, sexual y religiosa de los candidatos demócratas refleja una coalición que augura cada vez mas pérdidas para los republicanos.

Trump verá más limites a su poder, aunque todavía tendrá manos libres en política exterior. Y en la teoría del vaso medio lleno para los republicanos todavía podrán imponer su marca en el Poder Judicial y tal vez lograr la reelección de Trump, en 2020.

Pero todos los indicios son de una continua profunda división. Después de una elección en la que ambos partidos pueden declarar victorias y mandatos, la probabilidad de que los partidos tomen estos éxitos como evidencia de que deben seguir su actividad habitual (comportamientos que contribuyen a la polarización) es bastante alta, destacó Elaine Kamarck, analista de la Institución Brookings.

El futuro apunta a un ambiente político en el que la Cámara baja incrementará sus investigaciones contra Trump mientras el Senado la detiene y respalda a un mandatario que, por su parte, cree prosperar en la división.

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@CARRENOJOSE1

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