Una nueva turbulencia

La renuncia de Urzúa pone en entredicho los compromisos asumidos en materia económica

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Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

Antier 9 de julio, Carlos Urzúa Macías renunció como secretario de Hacienda y Crédito Público, al publicar una carta dirigida al presidente López Obrador en donde expone en pocos párrafos las razones de su decisión. Mucho de lo que expresa Urzúa está a la vista; en estos pocos meses se han establecido algunas políticas públicas con sustento técnico insuficiente, y los enfoques económicos no han siempre obedecido a las señales y expectativas de los mercados, quienes, queramos o no, pueden socavar o consolidar el entramado macroeconómico de los países.

Es justo en este punto en el que la renuncia de antier tendrá implicaciones que veremos en el corto y mediano plazo.

Hace no mucho, en este espacio platicaba sobre cómo a México le urge dar señales de estabilidad y certidumbre, tanto hacia dentro como hacia el exterior.

En un inicio de gobierno, claramente tendrán que caer inercias y se impulsarán nuevas prioridades, eso es normal.

Sin embargo, es deseable que el matiz de una nueva administración no mine elementos tan básicos como la estabilidad de las finanzas públicas, las calificaciones crediticias, las perspectivas de crecimiento económico o la atracción de inversión.

En este sentido, la credibilidad de una cartera como la de Hacienda es elemental. La renuncia de Urzúa, a siete meses del inicio de una administración federal, pone en entredicho los compromisos asumidos en materia económica.

No brinda un terreno firme en el cual se pueda pensar que los recursos se estarán invirtiendo de acuerdo con las prioridades establecidas en un inicio o a un presupuesto balanceado y ejercido en tiempo y forma. Más aún, habla de una insatisfacción sobre cómo se están dando las cosas en un momento marcado por el poco margen de maniobra para el país.

A las pocas horas, se anunció la llegada de Arturo Herrera, ex subsecretario del ramo.

Funcionario preparado y serio, ha discrepado en más de una ocasión con las decisiones del actual gobierno federal.

Ahora, lo que muchos se preguntan es si será capaz de, en primer lugar, brindar certidumbre en un momento de crisis, y si podrá imponer criterios de mesura y responsabilidad técnica y presupuestal a las gestiones en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

A la mañana siguiente de su ratificación, Herrera tendrá que dar señales claras y contundentes de que está listo para tomar el timón con fuerza y podrá guiar el barco hacia aguas un poco menos agitadas.

Éste es, sin duda, el primer momento de crisis importante para el gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Uno puede decidir obviar los señalamientos de imposición de personajes sin conocimiento de la Hacienda Pública, de decisiones económicas cargadas de ideología o de conflictos de interés.

Lo que sí es evidente y francamente urgente, es que se nos acabó el tiempo para dar un mensaje certero y sin medias tintas sobre la condición de la economía, y el ejercicio de gobierno, en México.

Por Javier García Bejos

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