Una cortés visita sustantiva

El interés en la reunión es grande, justificadamente. La relación bilateral no es mala, pero sí áspera

Una cortés visita sustantiva

 

 

 

El virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador recibirá el viernes a una importante delegación estadounidense, encabezada por los secretarios Mike Pompeo (Estado), Steve Mnuchin (Tesoro), Kristjen Nielsen (Seguridad Nacional), y Jared Kushner, asesor especial y yerno del presidente Donald Trump. Al lado de López Obrador estará su Secretario de Relaciones Exteriores designado, Marcelo Ebrard, el exjefe de Gobierno de la Ciudad de México que correctamente o no algunos señalan ya como un tempranero y vitalizado aspirante a suceder al propio López Obrador.

El interés en la reunión es grande, justificadamente. La relación bilateral no es mala, pero sí áspera, debido a los cíclicos señalamientos políticos de Trump sobre comercio y migración, que AMLO rechaza. Pero el tono inicial de los contactos entre AMLO y Trump es de hecho amable. Cuánto tiempo dure eso está por verse.

De entrada, el tamaño y composición de la delegación son una señal de su importancia que se da desde el lado estadounidense; Trump parece tener hasta ahora una postura positiva hacia López Obrador, al que apodó como Juan Trump por las alegadas similitudes y al que asegura haber vaticinado su Presidencia hace años. Y está bien. Pero parte del interés será observar el desempeño de Ebrard, que deberá hacer gala de sus capacidades diplomáticas para que Pompeo y Mnuchin, fieles creyentes; Nielsen, burócrata convencida, y Kushner, el leal yerno, olviden la forma en que Ebrard se ha referido públicamente a Trump. Eso es lo anecdótico.

En lo práctico será bueno que el primer canciller de la era López Obrador sea un escéptico abierto y declarado respecto a las intenciones y las políticas de Estados Unidos. Hasta ahora, la experiencia mundial cuenta que Trump parece buscar mejores relaciones con las naciones que son enemigas o críticas de su país y su gobierno que con aquellas que son o han sido sus aliados y socios comerciales.

En junio pasado, la histórica cumbre de Trump con Kim Jong-Un, de Corea del Norte, fue más cordial que su encuentro previo con los líderes del G7, las naciones industrializadas del mundo, incluso muchos de los mismos dirigentes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con los que ahora sostiene una contenciosa reunión en Bruselas. Antes de salir de Washington, el propio mandatario de EU afirmó que probablemente sus conversaciones del fin de semana con el presidente ruso, Vladimir Putin, le serían más fáciles que con aliados cada vez más irritados.

López Obrador en cambio tiene un estilo personal que en principio le permite responder con rápidez y una postura política que no lo hace enemigo, pero tampoco particularmente amistoso hacia Estados Unidos y Trump. Aunque relativamente breve, la reunión del viernes tiene el potencial de influir en el tono futuro de la relación entre los dos gobiernos.

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